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Continúan incrementándose los costos para las tarjetas de crédito cuando se afrontan los saldos impagos por consumo. El CFT puede llegar a superar el 60 por ciento
Para los bancos la financiación del consumo siempre ha sido un aspecto más que conveniente, dado que les deja un margen de ganancia importante. En este segmento se ubican las tarjetas de crédito, donde la tasa en los últimos meses sufrió un incremento de consideración, con un costo financiero total que puede superar el 60 por ciento.
Pese a la crisis financiera mundial, las entidades bancarias han cerrado sus balances con superávit y, según se supo, la rentabilidad de las de primera línea aumentó un 25 por ciento, alcanzando un resultado positivo de 4.385 millones de pesos en los primeros nueve meses de este año.
En esta mejoría hubo una vía de financiamiento que se destacó por encima de las otras alternativas, y es el caso de las tarjetas de crédito.
En base a cuotas y promociones el saldo de los clientes con los bancos por intermedio del plástico se incrementó un 60 por ciento, cifra superior al crecimiento del stock total de préstamos al sistema, que alcanzó una suba promedio del 40 por ciento.
Dinámica
El uso del plástico tuvo una dinámica particular y esto queda en evidencia al observar las estadísticas: al 31 de octubre de este año los consumidores le adeudaban a las entidades cerca de 14.000 millones de pesos.
No obstante, el costo por financiarse con la tarjeta no estuvo inmune a los vaivenes de la economía, evidenciándose en la fuerte suba registrada para financiar los saldos impagos.
De acuerdo con el Régimen de Transparencia del Banco Central de la República Argentina (BCRA), en noviembre las tasas por financiación en pesos se desenvolvieron en un amplio rango, que fue del 21,9 al 42,9 por ciento.
Entre los principales bancos del sistema financiero local, se destacaron el costo del Hipotecario y el Santander, con tasas superiores al 42 por ciento anual. En el otro extremo se ubicó el Nación, con el 21,9 por ciento.
Esta es solamente una parte del costo, porque a la mencionada tasa se le deben sumar otros gastos correspondientes al costo financiero total (CFT). Este es el que en realidad gravita a la hora de determinar el valor de las cuotas, y que suele ponderar más de 10 puntos porcentuales sobre la tasa nominal. Está integrado por gastos de gestión, comisión de otorgamiento y de administración, seguro de vida, IVA sobre intereses y sobre comisiones.
Para explicar el amplio margen existente entre mínimos y máximos se debe considerar la heterogeneidad de clientes que reciben dichos préstamos. Por supuesto, las tasas serán mayores cuando se determine un riesgo de cobro más alto.
El propio Banco Central ha difundido que entre octubre y noviembre la Tasa de Interés Nominal Anual (TNA) promedio se incrementó con fuerza y en el penúltimo mes del año ya se acercó al 33 por ciento, por lo cual no se descarta que también se produzca una retracción de los montos a financiar.
En los bancos se reconoce que el financiamiento en general “está muy caro”, tanto para las empresas, como en materia de cheques, tarjetas, descubierto, etc.
Según las opciones que se encuentran en el mercado, el costo financiero total para algunas tarjetas se acerca al 50 por ciento y en algunos casos puede llegar hasta un 60 por ciento.
Otro aspecto de relevancia que no puede ser pasado por alto está relacionado con el pago mínimo, el cual también experimentó un incremento al igual que el pago en cuotas.
Se afirma que los bancos son más exclusivos en su oferta, están más dirigidos y trabajan con sus clientes existentes, con montos promedio de consumo de 4.000 pesos. “Las tasas de referencia están subiendo y hoy se nota una fuerte contracción”, se añadió.
El contexto es completamente distinto al que predominaba hace cuatro años, como consecuencia a un escenario nacional e internacional con características diferentes, donde se advierte que se está eliminando el financiamiento del consumo.
Los consumidores argentinos no eran grandes usuarios de la modalidad de pago mínimo en comparación con otros países. Sin embargo, a partir de la crisis, más de un 20 por ciento tuvo que recurrir a esta opción ante la dificultad de cumplir con el saldo total.
El sistema de pago mínimo es un método de financiación que permite, a quien lo utiliza, pagar un porcentaje muy pequeño de sus consumos mensuales y postergar el resto.
Actualmente, por este mecanismo, hay entidades que pasaron de exigir un pago del 3 o del 4 por ciento a uno del 10 por ciento del resumen mensual.
En los bancos se fundamenta esta medida en que en los últimos 10 meses la morosidad de la cartera de créditos al consumo del sistema financiero pasó del 3,6 al 4,5%. Además, cada día están más urgidos por mantener la liquidez. ///
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