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José Vicente Pérez debutó como entrenador a los 25 años. Y hoy sigue ligado a la profesión. Dirigió excelentes jugadores, varios clubes, y la selección juvenil y mayor. Una marcada vocación ofensiva, como norma clave. "Primero atacar, luego defender", dice.
Por Rubén Leys
Redacción
"Comencé a dirigir a los 25 años, y a lo largo de mi carrera he entrenado a verdaderos jugadorazos, como Gualtieri, en sus últimos partidos, los Baliño, "Paquillo" Sánchez, Carlos Díaz, Miguel Landesa, Gustavo Portugal, los dos Mainardi, Abel Coria, Gustavo Cárdenas, Pablo Dialeva, Racich y Barberón, entre otros. Una increíble mezcla de distintas generaciones de futbolistas notables que ha dado el fútbol de nuestra ciudad".
El concepto pertenece a José Vicente Pérez, el "Bocha", como se lo conoce en el ambiente del fútbol, quien vive con un apasionamiento total y un conocimiento que por momentos asombra, el fútbol de ayer, de hoy y hasta el del futuro, ahora en su flamante cargo de seretario general de la Asociación de Técnicos de Necochea.
Su historia como técnico empieza muy temprano. El "Bocha" cuenta que "yo jugaba en el fútbol amateur, donde era centrodelantero, y si tenía una virtud era la de cabecear bien. Pero rápidamente me di cuenta que lo mío era dirigir. A los 25 años debuté como entrenador en Villa en el amateurismo, y luego en 1965, por recomendación de Vicente Bandiera me fui a Boca, donde estaba Gualtieri, ya a punto de retirarse. Luego volví a Villa, donde mi padre fue uno de los fundadores, y salimos campeones en el ascenso en el 70, con los Pittarello y Slovinsky, entre otros. Fue mi primer título importante".
Luego dice que "yo como técnico siempre fui de asumir riesgos. A diferencia de otros, cuando armo un equipo, lo primero que eligo son dos buenos delanteros, y después busco un "cinco", un arquero y un "dos". Es mi forma de ver el fútbol. Sé que los cracks no podrían lucirse sino tienen recuperadores al lado, pero yo pienso en como hacer goles. Cuando hice la selección del 76, el único que marcaba era Jorge Natali, y al lado de él estaban los dos Baliño, Antonio Cappai, Carlos Díaz, Omar Pérez y Barberón que recién surgía. Siempre pongo este ejemplo: si tengo delante una puerta, busco como superarla, como pasarla, y no como protegerla. En el fútbol me pasa lo mismo".
Dos generaciones
El "Bocha" Pérez comenta que "una vez en Rivadavia, me dijeron que tenía que ser ayudante de campo de José Silvero. Les dije que no. Que a ese equipo lo dirigía yo o nada. Ayudante de campo de nadie, ni de Menotti ni de Bilardo, siquiera. Es mi forma de ser. Tuve dos equipos inolvidables. La selección local del 76, con Mozzi; Ordoqui, Pereyra, Sampayo o Hugo Pérez y Jorge Moreno; Roberto Baliño, Natali y Juan Baliño; Cappai, Carlos Díaz y Omar Pérez o Barberón. Tremendo. El otro fue el Rivadavia del 87: Garro o Di Martino; Moyano, Carlos Pérez, Fabián Mainardi y Alfredo López; Racich, Delfino y Omar Pérez; Abel Coria, Landesa y Gustavo Portugal. Y ojo, que estaban Patriarca, Cantón, Carlos Alvarez. Mirá que jugadores, y quedamos afuera de dos regionales por diferencia de goles. Era para llegar bien lejos. En Rivadavia aprendí que salir segundo no sirve. Es un club que tiene que salir campeón y si no, nadie se acuerda. Por eso los desafíos permanentes, que sirven para crecer constantemente".
No se olvida de los juveniles y menciona que "tuve a la camada de Oliver, Marrone, Guillermo Dindart, Racich, "Paco" Sánchez. Siempre elegí jugadores de buen pie. Otra cosa: para mi los jugadores a los 15 años ya tienen que jugar en primera. Gonzalo Gaitán debutó a los 14, Julio Del Negro a los 15, Racich a los 16. Y fijate donde llegaron. Un futbolista que a los 18 años no juega en primera, es muy difícil que luego sea un grande. Pasa en todos lados. Mirá Ortega, Verón, Aimar, a qué edad empezaron a brillar".
José Vicente Pérez nació para hacer docencia en el fútbol. Y por cierto que lo hizo, lo hace y lo seguirá haciendo. Con un lenguaje natural, sin vueltas, al que el futbolista se siente muy cómodo y tranquilo. Hoy camina 12 kilómetros por día, y cuenta que cada 50 metros, se encuentra un amigo del fútbol, sin importar el color de la camiseta, y lo saluda. Esa, precisamente, es la mejor herencia que pudo haber recibido del deporte. Un entrenador que marcó una época, pero fundamentalmente, una muy buena persona.
Su larga historia al frente de equipos hace que, en algunos casos, haya dirigidos padres y luego a sus hijos. "Me pasó con Carlos y Pablo Acosta, con los "Chiviro" Esteban y algunos más también. Otro caso curioso me pasó en el 75, cuando conducía a tres equipos a la vez. Estaba con Almafuerte el sábado en el ascenso, con Del Valle el domingo en primera, y también con la selección mayor. Pero lo hacía sin esfuerzos. Hoy ya es otra cosa. Me cuesta ir a las canchas. Vi solo dos partidos este año. Me gusta estar adentro, no de espectador".
También habla de otras pasiones: "Dejé porque hubo cosas que me afectaron. y también porque los domingos me gusta ver a mi amado Huracán de Parque Patricios, club del que soy fana por mi padre. Cuando juega el "globo", en casa no vuela una mosca. Me molesta todo. Es increíble. Yo me retiré luego de dos hechos puntuales. Un gol insólito que le anularon a Landesa en una final contra Sportivo, que define con maestría luego de un centro atrás ... Me dio tanta impotencia. Luego volví, y en la primera fecha, clásico Rivadavia-Huracán. Les ganamos y luego viajo. Cuando vuelvo, me entero de que nos sacan los puntos porque Racich estaba suspendido. Hacía tres meses que les preguntaba en el club, y me decían que estaba todo en orden. Y después pasa esto. Pegué un portazo y me fui...".
Dos equipazos
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