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Centavito a centavito, se hace un montoncito | Ecos Diarios
Centavito a centavito, se hace un montoncito Imprimir E-Mail
04 diciembre 2008 11:44

En sus días felices de Río Gallegos, un entonces despreocupado Néstor Kirchner solía pregonar ante sus amigos que lo chanceaban porque no solía dejar propinas y guardaba meticulosamente los vueltos de la mesa de café en la confitería del Automóvil Club local: “De centavito a centavito, se va haciendo el montoncito”, señalaba.

Por Jorge Brinsek

Ahora, en su posición de conductor real del país mientras su esposa ejerce la presidencia formal, pareciera que el ex mandatario aplica la misma postura aunque en forma inversamente proporcional y con motivos bien distintos a los de aquella época. Sabe que una abrupta devaluación sería un golpe mortal para la administración. Por eso diariamente, “de centavito a centavito” permite que la divisa norteamericana vaya lentamente encontrando su nueva posición.
La idea es seguir utilizando al Banco Central como elemento moderador del mercado, pero evitando cuidadosamente una sangría en las reservas ya de por sí razonablemente comprometidas. El dinero que hay guardado no es poco, pero tampoco tanto como lo pregonan los anuncios oficiales. Una fuga semanal cercana a los 1.000 millones de dólares para contener la divisa norteamericana puede dejar al país con sus arcas más exhaustas que en los aciagos días del 2001-2002.
Kirchner comprende que, le guste o no y menos en un año electoral, deberá aplicar las clásicas recetas ortodoxas de la economía básica que tanto desprecia: reducir gastos, aumentar impuestos y posibilitar un dólar que haga nuevamente competitivas las exportaciones, base fundamental para poder recaudar.
Sucede que tras cinco años y medio de derroche a discreción, todos los beneficios emergentes de la mega devaluación del 2002 (que redujo a la tercera parte los sueldos de los argentinos, confiscó sus ahorros y cuadruplicó el costo de sus vidas) han quedado reducidos a la nada. La reciente devaluación brasileña, complementada con el terremoto mundial en las finanzas, y la estatización de los fondos previsionales, terminaron de constituir un cóctel explosivo que introdujeron derechito a la Argentina en el peligrosísimo camino de la recesión.
La obra pública, es cierto, es generadora de empleo por excelencia. Pero también un arma terrible en el plano de la corrupción, especialmente a la hora de los consabidos “retornos” destinados por lo general a fines proselitistas y preelectorales. Cualquier mortal puede comprobarlo cuando construye su casa: un ladrillo puede costar 10, 100 o 1.000 según la cara del cliente, el contrato que se firma, y el constructor que interviene. Y ni que hablar si a ello se le agregan estudios de factibilidad y consultoría que resultan tanto o más caros que las obras en sí mismas.
En ese contexto no deja de ser interesante estudiar los montos totales de las licitaciones y comparar luego los costos tanto en el plano nacional como provincial y comunal. Sorprendería comprobar que en un mismo terreno, construir un kilómetro de carretera puede ser tres veces más caro en una provincia que en otra.

Los resultados

Pero volviendo al eje de la historia. Al menos en esta parte del mundo, el dólar sigue siendo el dólar, una moneda fuerte y confiable a la que siempre, más tarde o más temprano se recurre como mecanismo de protección. Y eso ha ocurrido siempre con el correr de los gobiernos y las décadas. Quien ahorró dólares, es posible que en algún momento haya perdido de ganar en materia financiera y especulativa, pero nunca perdido dinero hablando en términos reales.
Queda claro entonces que, al menos por ahora, y a juzgar por el “centavito a centavito” en que a diario va creciendo la divisa color lechuga, el discurso de la presidenta Cristina Kirchner anunciando un conjunto de medidas para reeimpulsar la economía, no está dando los resultados esperados. La gente, por una u otra razón, ha vuelto a la costumbre de apostar al dólar y no hay indicios sinceros de que estemos a las puertas de una masiva repatriación de capitales.
La oposición –léase fundamentalmente Lilita Carrió- sospecha que la medida anunciada por la mandataria puede ayudar a “blanquear” dinero negro producto de negociados, precisamente en materia de obras públicas en donde está denunciado penalmente hasta el propio Kirchner. Es una posibilidad, pero ni aún así sirve para corregir un preocupante desfase que nadie sabe cómo enderezar.

 

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