Mientras la presidenta Cristina, en la tierra de la bella y legendaria Cleopatra, se entusiasmaba con la idea de traer a la Argentina el cadáver momificado del farón egipcio Tutankamon, el aparato del Estado (aviones, helicópteros, fuerzas de seguridad, etc.) se ponía en marcha, por el viaje de Néstor Kirchner y miembros del equipo gubernamental de su esposa, a Necochea.
Por Jorge Ignacio
Como una “avant premiere”, en la noche del miércoles 19 de noviembre, se reunían unos doscientos delegados de los distintos sindicatos de camioneros de la República Argentina en una cena en el Club Vasco, donde el menú elegido fue pollo al verdeo y buen vino. Los encargados, a los postres, solicitaron se les hiciera entrega de igual menú de lo servido a “los compañeros” del camión recolector de residuos que pasó a esa hora por el lugar. Por su parte, los comensales, a su vez, dejaron generosas propinas para los gastronómicos que atendieron la mesa.
Los delegados participarían del Congreso convocado por el secretariado nacional del gremio, para los dos días subsiguientes en el complejo turístico que posee en la avenida 10. El cónclave de los transportistas, donde fue reelegido como secretario general Hugo Moyano, alcanzó los ribetes de una cumbre político-gremial, con amplia difusión en todos los medios nacionales de comunicación.
La presencia del ex presidente Néstor Kirchner, titular del partido Justicialista, junto a ministros del gabinete nacional e integrantes del secretariado de la CGT, que vinieron a acompañar y avalar a Moyano en su reelección al frente del gremio de camioneros, generó un hecho inédito localmente. Pero, comprensible para los ojos de cualquier argentino, por el tándem al que nos tiene acostumbrado el peronismo-sindicalismo.
Debemos sumarle también al hecho, la breve visita del gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, quien como es su costumbre se hace presente en todos los actos a los que asisten los Kirchner. En este caso no estuvo para la foto, lamentándose por no tener el don de la ubicuidad, excusándose por querer presenciar los partidos de tenis por la Copa Davis.
El ex presidente, tal vez olvidado que ya no está al frente de la Casa Rosada, prometió ciertas obras para nuestra ciudad, las cuales no precisó, al intendente Daniel Molina quien se llegó hasta el lugar para saludar a los presentes y “al compañero Moyano”, según lo calificó. El titular de la CGT, por otro lado, comentó que su gremio tiene en estudio la construcción de un hotel de cinco estrellas en Necochea. Tanto las promesas de Kirchner como las de Moyano sonaron bien a los oídos de los necochenses que estaban en la reunión.
Sin causar sorpresa, el mensaje pronunciado por Kirchner transformó el encuentro en un sainete cuando hizo referencia a los reproches matinales que recibe por parte de Cristina en el lecho nupcial, por el equívoco de postular a Cobos para la vicepresidencia. Palabras que dejaron en claro que, cargo aparte, “aquí el que manda soy yo”. En tanto y en cuanto alguien no le suelte la mano.
Desde el peronismo siempre se adujo que el sindicalismo es la columna vertebral del movimiento. Por nuestra parte agregamos que, no sólo es la columna vertebral, sino el cerebro, el corazón y las piernas que le permiten caminar. No se entiende, de otra manera, esa mezcla de funcionarios del gobierno nacional, del gobernador bonaerense, del titular del partido justicialista y cónyuge de Cristina Fernández junto a los gremialistas que participaban del congreso realizado en nuestra ciudad.
Esta simbiosis desde la época fundacional del peronismo con los sindicalistas, con el transcurrir de los años y a partir de la muerte de Perón, se transformó en el peaje que hay que pasar para poder gobernar. Hay un refrán que dice: “No hay peor cuña que la del mismo palo”.
En este caso recordemos “no me lo silben a Mondelli”, dicho por María Estela Martínez, con referencia a la silbatina que le propinaron los gremialistas a su ministro de economía o los permanentes cuestionamientos hechos, en su corto mandato, a la viuda de Perón por Casildo Herrera al frente de la central obrera por aquellos años.
Ni hablar de los trece paros al gobierno de Raúl Alfonsín; la rebeldía fiscal propuesta por Moyano, al inicio de su carrera hacia el edificio de la calle Azopardo, en la gestión del presidente Carlos Menem; los paros al gobierno de la Alianza y los encontronazos del sindicalista con la entonces ministra de trabajo Patricia Bullrich. Y por último, la advertencia del actual titular de la CGT con su posible postura en la vereda de enfrente, a pocos días de la asunción de Cristina Kirchner en la presidencia.
En el libro “El hombre del camión”, escrito por dos periodistas y de reciente puesta a la venta en las librerías, hay jugosos relatos de la vida de Hugo Moyano y de sus aspiraciones actuales. De sus páginas surge también el temor de la pareja presidencial hacia el camionero. Así se entiende la cumbre político-sindical realizada en Necochea. O se está con la CGT, que hoy se llama Moyano, o no hay gobierno. Esa es la clave.
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