
Diego Roldán nació en nuestra ciudad y desde muy chico sintió una atracción especial por los aviones. Todavía recuerda cuando pasó por primera vez con su padre por el Aeroclub local y observó la primera nave.
Por Maximiliano Caloni
Redacción
A partir de ese momento, según recuerda, cada vez que pasaba por el lugar se quedaba pegado a la ventanilla del automóvil esperando ver algún avión o aeroplano en el hangar o sobrevolando la ciudad.
Hoy reside en Gonzalez Chaves donde, “por hobbie”, construye planeadores y remodeló y acondicionó una pieza única que fue la vedette del último torneo sudamericano de aviación realizado en ese lugar de la Provincia.
Volar y volar
Diego es instructor de vuelo, dio clases en nuestra ciudad y mientras estuvo radicado en Europa siempre estuvo vinculado a la actividad. “Hoy doy clases en el Aeroclub de aviones a motor de Gonzalez Chaves”, cuenta, al tiempo que es socio del Club de Planeadores de esa misma localidad y vuela en forma deportiva.
“Siempre me gustaron los aviones y desde joven empecé a construir”, asegura, puntualizando que “primero los hacía a escala y después me interesó hacer uno para poder subirme”.
Roldan explica que la construcción de aviones es un “hobbie” para él y que siempre lo realizó en forma privada, hasta que empezó a trabajar para restaurar una nave construida en 1954 que estaba tirada en un hangar en Gonzalez Chaves.
“Había visto que tenían un aparato antiguo tirado en un hangar hace muchos años”, indicó, agregando que “antes no sabía que era, pero cuando estuve en Inglaterra me contacté con clubes planeadores antiguos y estudiando un poco me acordé de este aparato, que es una pieza única que se llama ala volante o voladora, una especie de ala delta”.
En realidad, Roldán entusiasmó a la gente del Aeroclub chavense para que ellos lo reconstruyeran y hasta les dijo que si querían él podía ayudar, pero nunca pensó en realizar esta tarea solo.
“Cuando se dieron cuenta que avanzaban muy lentamente me lo ofrecieron a mí, pero yo les dije que lo hacía hasta gratis al trabajo, pero igual insistieron en pagarlo, así lo hacía más rápido”, contó entre risas.

A partir de entonces, Roldán se encargó de ponerlo en condiciones. Hoy, el ala volante o voladora, como se los conoce a este tipo de aparatos se ha transformado en todo un espectáculo en sí mismo, ya que no sólo fue reparado sino que también lo hizo volar.
“Para mí fue un placer hacer este trabajo, ya que se trata de un avión histórico”, relató en diálogo con Ecos Diarios. El trabajo demandó 4 meses, pero quedó listo para presentarlo en el último torneo realizado en la ciudad.
Roldán aseveró que “fue una tarea muy reconfortante, porque venía mucha gente a mirar cómo estaba quedando y se transformó en la vedette del torneo”.
“Por ahora y en el horizonte cercano o a mediano plazo pienso quedarme en Gonzalez Chaves, para seguir disfrutando de todo esto”, agregó.
Para Roldán, la construcción o restauración de aviones no es su sustento económico. “Para mí esto es un hobbie”, explica, acotando que “tengo dos aviones que he reconstruido y algunos los he vendido”. Es más, por uno de estos trabajos ganó un premio en una convención anual que se realiza en General Rodríguez, hasta donde piensa llevar este nuevo aparato este fin de semana.
Por estas horas, está trabajando en la etapa final de reconstrucción de dos aviones, mientras espera la llegada de un tercero, que le regaló un piloto brasileño. “Estoy tratando de entrar en una categoría de pilotos que compite, porque el planeador para mí es algo muy nuevo”, apunta, para concluir diciendo que “siempre me conecto con la actividad, ya que es algo que me apasiona y por eso me fui a Chavez, porque es un lugar donde se vuela muchísimo y donde se le da mucha importancia a todo esto”.
“Esto es algo innato, ya que nadie en mi familia vuela, pero todo lo que hago está orientado a la parte deportiva, nunca a la aviación comercial”, concluyó.
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