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Plaza Dardo Rocha puede considerarse como el corazón de la ciudad | Ecos Diarios
Plaza Dardo Rocha puede considerarse como el corazón de la ciudad Imprimir E-Mail
01 septiembre 2008 09:04

Fue el lugar donde, con el palo mayor del velero El Filántropo como mástil, se izó la bandera nacional, y en ese acto se efectivizó la fundación de Necochea.

Por Alejandra Fernández

Archivo Ecos Diarios

Aquel miércoles 12 de octubre de 1881, fue un día de fiesta para los pobladores, con una gran celebración se efectivizaba la fundación de Necochea. En ese mismo acto se redactó el Acta de Fundación, que fue suscripta por los fundadores y a continuación se designó una comisión de fomento para que hiciera entrega de los terrenos a los adquirentes, quienes se comprometían a poblarlos.
El lugar de reunión, el centro de la plaza. Allí se había colocado, a modo de mástil, el palo mayor del velero El Filántropo, que meses atrás había naufragado en cercanías de Médano Blanco y que fuera traído por una caballada a través de los arenales. En los alrededores se organizó una fiesta popular con carne asada con cuero, y cohetes, además de armarse una carpa para la celebración.
La traza del pueblo fue encomendada al agrimensor José María Muñiz, quien inició su trabajo en los primeros días de septiembre de 1881, y la delimitación de la planta urbana y aledaños quedó terminado el 11 de octubre, un día antes de la ceremonia fundacional. 


La plaza ocupaba cuatro manzanas en torno a las cuales se comenzaron a construir edificios oficiales y casas particulares 


La plaza, ya estaba incluida en los planos, se trataba de cuatro manzanas, alrededor de las cuales, lentamente, se empezaron a construir edificios oficiales y casas particulares. Se constituyó así en el eje central del muevo pueblo, y desde los comienzos se le dedicó especial atención a la forestación y ornamentación de este espacio público.
En los primeros días de noviembre de 1888 se instala un molino, con torre de madera para proveer de agua para riego, de ese modo se podía atender las numerosas plantas recién colocadas, hoy transformadas en enormes ejemplares.
En 1883 Necochea ya contaba con el edificio de la Comisaría y la Capilla Nuestra Señora del Carmen. El 25 de mayo de 1910 fue inaugurado el majestuoso edificio de la Municipalidad (hoy demolido), todos ubicados frente a la Plaza. Recién en 1912 fue emplazada la estatua del General Mariano Necochea.
Con el correr de los años este tradicional paseo fue sufriendo transformaciones, primero la apertura al tránsito de la avenida 59; tiempo más tarde se volvió a dividir para dejar libre al paso los vehículos por el antiguo boulevard Sarmiento al Del Valle, hoy avenida 58. Todos estos procesos de cambio dejaron una plaza dividida en 4 pequeñas plazas, tal como la conocemos en la actualidad.

Obra necesaria


El comisionado municipal Joaquín Martínez Sosa, que asumiera al cargo en enero de 1929, resolvió concretar la obra de apertura de la Plaza Dardo Rocha, según los planos del ingeniero Gusti, de la Dirección de Bonos de Pavimentación. La iniciativa había recibido sanción favorable del Concejo Deliberante, contaba con el aval del vecindario y reportaría ventajas al progreso y al embellecimiento de la ciudad.
La avenida Alsina (59) avanzaría por el medio de la plaza y en el centro del boulevard se destacaba la estatua ecuestre del Gral. Mariano Necochea, rodeada de jardín y con un veredón de mosaicos. La iluminación contemplada sería idéntica a la existente en avenida Alsina y además de macizos de flores, se ornamentaría con jarrones y estatuas artísticas.
Los trabajos, y el arreglo general de la plaza, estaban a cargo del ingeniero agrónomo Guillarmelau, director del Paseo del Bosque de La Plata.


Cuando se abrió al tránsito la principal avenida de la ciudad, se consiguió el tránsito directo entre dos grandes zonas urbanas que estaban divididas por el paseo 


Al abrir al tránsito la principal avenida de la ciudad, se lograba el tráfico directo entre dos grandes zonas urbanas, hasta ese entonces divididas por el paseo. La idea de modificarlo era de suma utilidad pero no se descuidaron detalles de estética y comodidad.
Durante la gestión de Martínez Sosa se adquirieron en Capital Federal 100 tilos que fueron plantados en las ramblas centrales; también datan de esa época las pérgolas existentes en las plazoletas de Av. 58, a ambos lados del monumento a Mariano Necochea.
Las pérgolas semicirculares fueron proyectadas por la dirección del Paseo del Bosque de La Plata, como parte de las tareas de embellecimiento a las que era sometida la plaza.
Estaban elevadas a 50 cm. Del nivel del terreno, con 4 escaleras de acceso cada una y constaban de 12 columnas de cemento armado sobre la que se apoyaban vigas de madera trabajada. La construcción estuvo a cargo del jefe de la oficina técnica de la Municipalidad, Vicente Anastasio, según planos del ingeniero Guillarmelau.

Estatuas alegóricas


El cuidado y hermoseado de la plaza fue un detalle que no descuidó el comisionado y a finales de 1930 se inició la colocación en los canteros de la plaza de estatuas alegóricas y vistosos jarrones con sus respectivos pedestales, todos de cemento armado.
El aspecto de la plaza resultaba espléndido, a pesar que en el correr de los años, en virtud de los adelantos urbanos sufriera muchos cambios y se perdieran el viejo molino de madera, el cerco de alambre tejido que la circundaba y los molinetes de la entrada. También se derribaron varios árboles que quitaban vista y perspectiva a la estatua, se abrió en dos alas para dar paso a la avenida; pero ganó en elegancia con los ornamentos y las pérgolas de tinte aristocrático.
El progreso, avasallante a veces, hizo que en el año 1937 se considerara una nueva división en nuestra plaza principal. Para no tener que dar un rodeo tan grande se preveía la unión de las avenidas Del Valle y Sarmiento. Con ella se ganaba en un tránsito más fluido, aunque por entonces escaso, y se perdía parte del paseo destinado a los peatones.
Fueron derribados varios cipreses de gran tamaño que habían quedado de la primera forestación, se iniciaron los trabajos pero varios años más tarde aún estaban sin concluir.
Se había comenzado, también, con la construcción de la rotonda en la Diagonal y en mayo de 1948 ambas obras estaban paralizadas por falta de fondos. Un mes más tarde se reanudaron los trabajos en la plaza, mediante un desvío semicircular en torno a la estatua se la convirtió en el eje de una rotonda. Fue necesario trasplantar varios tilos que obstruían el paso y finalmente, con la terminación de los trabajos de apertura de la avenida 58, nuestra gran plaza desde septiembre de 1948 quedó repartida en cuatro partes.

 

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