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“Transitando el camino, nos encontramos con un asfalto lleno de fisuras, oquedades, fositas y hendiduras que al paso de los camiones se van a transformar en baches”, dice el autor
Por Aníbal Pérez Bayón
Colaboración
Cuando recorremos la ruta 88 que nos une a Mar del Plata, vemos el estado lamentable que presenta. Es angosta y está en mal estado. Basta leer las páginas de “Ecos Diarios” de los últimos años para ver la cantidad de accidentes, heridos y muertos que queda como un triste saldo negativo. Muchos de nosotros hemos perdido familiares, amigos y personas conocidas entre hierros retorcidos de un auto. ¿La vida humana no tiene valor? Actualmente, uno de los temas más candentes es la inseguridad vial, por eso tenemos que sacar como conclusión que necesitamos rutas seguras. En cambio, la 88 es una ruta peligrosa y trágica.
Deterioro del asfalto
Transitando el camino, nos encontramos con un asfalto lleno de fisuras, oquedades, fositas y hendiduras que al paso de los camiones se van a transformar en baches. No está pintada la cinta asfáltica, sin demarcación en la pintura central, curvas y en los laterales.
Los sobrepasos durante el día son un peligro y en los horarios nocturnos, al ser encandilados por los autos que vienen de frente, un drama. Es una aventura peligrosa conducir un vehículo inmerso en una noche oscura, como boca de lobo.
Todos creíamos que de acuerdo a las declaraciones de nuestros funcionarios se iba a ensanchar y repavimentar, y lo único que se ha hecho es un mal bacheo. Como dice “Ecos Diarios”, es “un lavado de cara”.
El bacheo está en mal estado y sobresale del asfalto viejo, provocando un desnivel, como si fuera un pequeño lomo de burro. El vehículo, mientras transita, “corcovea como si estuviéramos domando un pingo redomón”, al ruido “tucutum”, “tucutum”, “tucutum”… Lo único que se ha hecho es un maquillaje mediocre.
Se gastaron 550.000 pesos en la obra, pero el resultado no es nada positivo. Me ha enseñado la vida que un buen funcionario debe tener una oreja en su escritorio y la otra en la calle. Que hay un impuesto que se paga por cada litro de nafta que carga el usuario y que está destinado a construir rutas. Queremos recordar que por cada 5 barcos de soja que salen por un puerto argentino en concepto de exportaciones, 2 barcos son para el Estado. Esto es suficiente motivo para que los ciudadanos tengamos el derecho a exigir rutas más modernas bien señalizadas.
Uno de los dramas lugareños que tenemos los necochenses, y una de las razones de nuestras frustraciones, es que tenemos la Provincia y el municipio con signos políticos diferentes. Esta es una de las razones por las cuales las rutas 11 y 88 no se concretan en una palpable realidad.
Rutas vecinas
Nos enteramos que van a repavimentar la ruta 228, que nos une con Tres Arroyos. Nos comunican que la ruta 228 es nacional y recorriéndola, nos damos cuenta que está en buen estado, mientras que la 88 es provincial y presenta un gran deterioro ¿No se podrán invertir los papeles?
Parece que a nivel de la ciudad de Miramar hubiera un muro por donde el progreso no pasa y todo se lo lleva el viento del olvido…
A las pruebas me remito: 1) Autovía 226 de Mar del Plata a Balcarce 2) Autovía de San Clemente del Tuyú a Mar del Plata con peaje. Todos con presupuestos aprobados y próximos a realizarse. ¿Y nosotros qué somos, “hijos del apavota”…?
Aspiramos todos los habitantes del Sudeste de la Provincia de Buenos Aires una autovía bien señalizada, con amplias banquinas y asfalto de primera calidad. Siempre me pregunto por qué cuando se hace una ruta no se hace con eficiencia y responsabilidad.
También deseamos un puente sobre el río Quequén, sobre la calle 542 o calle de Las Torres y calle 14 del lado de Necochea. Un puente significaría un gran progreso, especialmente para el puerto, el crecimiento económico y turístico y la hermandad de las dos ciudades.
Hagamos votos para que los necochenses y quequenenses tengamos la ruta que merecemos, para que no se mancille nuestra dignidad como ciudadanos.
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