|
Los hábitos comenzaron a cambiar a partir de la crisis del campo
El ritmo del consumo experimentó un parate cuando se desató la disputa del gobierno nacional con el campo. El público no solamente comenzó a comprar menos, sino que también evitó endeudarse y esto quedó reflejado en una de las herramientas de financiación más habituales que tiene la gente, que son las tarjetas de crédito. Los plásticos forman parte de las billeteras de los componentes de todos los segmentos sociales, por lo que aquellos con ingresos más elevados y los que tienen los sueldos más bajos, están variando los hábitos en el consumo.
La incertidumbre que predomina en el horizonte económico motiva que el financiamiento con tarjeta registrara una merma, tanto en lo que respecta a las compras en cuotas como en el clásico sistema del pago mínimo que permite diferir la cancelación de parte del resumen mensual (revolving).
El mercado de tarjetas de crédito venía creciendo a un ritmo importante y se duplicó en los últimos tres años. En 2004 había 5,9 millones de titulares, mientras que en 2007 se llegó a 10,9 millones. El número total de tarjetas pasó de 8,3 millones a 15,5 millones.
Se venía advirtiendo que las familias, especialmente aquellas de clases media, disponían de más de un plástico por titular, para aprovechar el pago en cuotas y adelantar consumo.
Pero todo se alteró de modo significativo a partir del impacto que sufrió la economía como consecuencia del enfrentamiento gobierno-campo.
Los consumidores comenzaron a inclinarse por pagar sus saldos de una vez, por temor a la suba de tasas. Estas subieron entre 2 y 4 puntos porcentuales, afectadas por el incremento generalizado.
Se puso como ejemplo que se prefirió afrontar el gasto de una vez antes que pagar un costo de hasta 40 por ciento anual por financiar con un plástico a dos años.
El freno
El clima que predominaba hasta marzo concluyó con números de endeudamiento que no se preveían. A mayo de 2008, el stock de deuda de las familias con el sistema financiero -formal e informal-, ascendió a 86.937 millones de pesos, lo que equivale a un 17,6 por ciento más que en diciembre pasado. Si se toma en cuenta este dato y la cantidad de hogares en el país, se estima que una familia requeriría casi 7 meses de ingresos para saldar sus deudas.
Se considera que en la actualidad la mitad de los hogares paga cuotas, lo cual condujo a que el efectivo se transformara nuevamente en el medio de pago más habitual.
Las encuestas demuestran que sólo uno de cada tres personas consultadas cree que tomará créditos en 2009. No son pocos los que no tienen posibilidades de hacerlo y el 85 por ciento lo utilizaría en compra o refacción de la vivienda.
Sin embargo, el billete es el medio de pago más común, pese a los esfuerzos de las entidades financieras por bancarizar a las personas y al notable avance que se produjo a partir de 2001. Asimismo, 3 de cada 4 personas usan el peso en mayor parte para afrontar los gastos de alimentos, cosmética y limpieza, lo que constituye el consumo básico.
No obstante, no todos los consumidores se encuentran en la misma situación, porque están aquellos embargados por la incertidumbre que se inclinan por no gastar demasiado y se retraen a la hora de endeudarse.
Se manifestó que este panorama impactó en la capacidad de ahorro de la gente, observándose que la clase media comenzó a destinar casi el total de sus ingresos a gastos básicos.
Los estudios demuestran que uno de cada tres hogares está en capacidad de ahorrar; pueden derivar menos del 10 por ciento de sus ingresos con ese fin y, aquellos que guardan algo, el 40 por ciento lo deja para las reparaciones del hogar. Este grupo exhibió un incremento promedio del 18 por ciento en su volumen de compras. Para quienes carecen de esa posibilidad, la merma del volumen llegó al 13 por ciento en el tercer bimestre respecto del segundo.
|