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Se escucha en cada ámbito de la sociedad consultado acerca de la situación de la Clínica Regional.
Por Vicente Di Santo
Redacción
“No hay que dejarla morir”. La opinión es unánime. Se escucha en cada ámbito de la sociedad consultado acerca de la situación de la Clínica Regional. “Hay que evitar la quiebra”, se repite. Pero las soluciones no llegan, se demoran, no aparecen.
No es la primera crisis que ha tenido el sistema de salud privado de la ciudad, pero sí la más compleja y delicada que afecta a la Regional, que se encuentra en un callejón sin salida aparente. Mientras tanto, hay más de 70 empleados que atraviesan una situación muy difícil, plena de necesidades y angustia, y una ciudad que observa, absorta, sin entender demasiado.
Quizás habría que comenzar diciendo que en la Argentina hay muchas cosas que no funcionan bien, y que, en ese sentido, el sistema de salud está en los primeros lugares de un hipotético ranking.
De hecho, es habitual que las obras sociales no cumplan con sus compromisos en tiempo y forma; que no respeten los contratos; que estén meses sin abonar sus obligaciones; que paguen valores irrisorios por los servicios y lo hagan con extensísimos atrasos. Y esto involucra tanto a las privadas, a las gremiales, como a las públicas.
Es casi imposible que los proveedores o prestadores puedan funcionar normalmente cuando sus clientes no cumplen con los contratos que suscribieron, pero eso pasa habitualmente. Casi es parte de la “normalidad” en la que se desenvuelve el sector.
El sistema prestacional de salud ha ido cambiando con el paso del tiempo y hoy a clínicas con una escala como tiene la Regional, les resulta muy difícil sostenerse con una treintena de camas y una ocupación cercana al 50 por ciento.
Estos son datos de la realidad que tienen su correlato en cierres de clínicas producidos a lo largo de una buena parte del país. Sin ir más lejos, en Tandil cerraron tres establecimientos en los últimos
Donde se pone más énfasis es en la aplicación de un modelo gerencial que ha resultado francamente inviable.
años y en la actualidad funciona solamente uno en Olavarría.
En los círculos de la salud se entiende que la Clínica Regional está sobredimensionada en cantidad de personal y ponen como ejemplo a la Cruz Azul, que atiende sus servicios –muy similares, por cierto- con la mitad de empleados.
Del mismo modo, y abonando lo antedicho, mientras la Regional tiene 17 empleados administrativos, en el Hospital Municipal Emilio Ferreyra –cuya escala de atención y prestaciones es varias veces mayor- trabajan en esa área solamente 14 personas.
Pero donde se pone más énfasis es en la aplicación de un modelo gerencial que ha resultado francamente inviable y que viene desde lejos en la administración del nosocomio.
Las dificultades son añejas, si consideramos, por ejemplo, que en la Regional hay entre 5 y 6 empleados que todavía están trabajando, aunque tienen más de 70 años. No pueden jubilarse porque la empresa hace 18 años que no paga los aportes previsionales.
La queja generalizada es que la clínica también ha sido utilizada por un número reducido de profesionales sin tener en cuenta la necesidad de que la misma se mantuviera fuerte y sustentable económicamente en el tiempo.
En consecuencia, la mejor buena voluntad y un continuo aporte de dinero fresco tampoco servirían para resolver el problema de fondo, que es una escala demasiado pequeña y un gerenciamiento inadecuado, entre otros aspectos.
En estos días se han escuchado todo tipo de ofrecimientos, tendientes a posibilitar un salvataje que dé lugar a la continuidad de la fuente de trabajo y de la prestación de servicios a la comunidad.
Se habló de un crédito de 100.000 pesos que aportarían el Círculo Médico o la Cooperativa Médica y de una suma similar que provendría del directorio, con vistas a pagar una parte de los sueldos atrasados, comprar insumos y poner al nosocomio de nuevo en marcha.
Parece muy poco dinero para los compromisos económicos y financieros acumulados. Por caso, acaba de finalizar otro mes, de donde sólo la deuda por sueldos ronda los 500.000 pesos.
En el mismo sentido, el municipio ofreció ceder 2.000 cápitas de Pami que ahora atiende el Hospital Ferreyra y también la CGT se ha mostrado activa, señalando que estaba en condiciones de tramitar 1.000 cápitas adicionales de Pami. Así, se sumarían 3.000 cápitas, cosa que aseguraría entre 90.000 y 100.000 pesos mensuales de ingresos extras, lo que les permitiría enjugar el déficit mensual y encarar una nueva etapa.
Este número es el que habían pedido los miembros del directorio ni bien estalló el conflicto, a principios de julio.
Es del caso señalar que los directivos de la Regional rechazaron, hace dos años, un número importante de cápitas de Pami, razón por la cual la plaza local quedó divida en dos, entre Cruz Azul y el Hospital Ferreyra. En aquel momento a la Regional le hubieran tocado al menos unas 4.000 cápitas.
Parte de esas cápitas y otros convenios gremiales le permitieron en aquel momento a Cruz Azul superar un trance económico y financiero muy delicado. Probablemente hubiera ocurrido lo propio con la Regional.
En la ciudad, nadie quiere que se repita la historia de la Clínica Atlántica, que abrió el 9 de junio de 1962 y cerró en 1994.
En la órbita de los profesionales de la salud se cree que deberían tener un rol más activo el Círculo Médico y la Cooperativa Médica, entidades que han mostrado credibilidad y fortaleza institucional a través de los años, así como un funcionamiento del que, en general, no se han escuchado objeciones. Sin embargo, hasta ahora la participación de ambas instituciones ha sido un tanto tibia y no más allá de aspectos formales.
En los mismos ámbitos se señala que los directivos de la Regional no han mostrado una tendencia activa a fortalecer lazos con la comunidad y sus referentes, cuestión que en cierto modo los aisló, impidiendo una rápida salida a la problemática de la clínica.
Hoy, la confusión parece reinar en medio de una crisis que nadie quiere que sea terminal, pero para la que no terminan de aparecer soluciones viables.
En la ciudad, nadie quiere que se repita la historia de la Clínica Atlántica, que abrió el 9 de junio de 1962 en el edificio que albergara al Hotel Rubí, en calle 77 entre 8 y 10, en lo que en ese momento fue una suerte de continuidad de lo que había sido el Sanatorio Necochea, que cerró precisamente en el mismo año en que comenzó sus actividades la Atlántica.
La Atlántica cerró definitivamente en 1994, en 2004 sus aberturas exteriores fueron tapiadas y hoy resulta ser mudo testigo de una época en la que la ciudad –con mucha menos población- contaba con tres establecimientos asistenciales privados.
Necochea debe demostrarse que es capaz de sobrellevar los conflictos y superarlos. Es de esperar que los directivos de la Clínica Regional puedan encontrar alternativas superadoras, elevarse por encima de su crisis e iniciar un nuevo camino de desarrollo sustentable.
La trascendente historia de la Regional, iniciada en agosto de 1935, merece tener continuidad, para beneficio de sus trabajadores y de una población que la tiene entre sus bienes preciados.
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