Por estos tiempos solemos encontrarnos con artículos, comentarios, situaciones que ponen en el papel de “peligrosos” a nuestros niños, adolescentes y jóvenes. Hechos de violencia que los tienen como protagonistas, robos, agresiones de todo tipo y en todas direcciones en ocasiones explicadas desde el uso de drogas o el consumo de alcohol.
Niños, adolescentes y jóvenes que se vuelven “invisibles” a los ojos de los adultos. A veces ante nuestra ausencia física (largas horas dedicadas al trabajo u otras actividades) y otras estando presentes no escuchamos, no hablamos, no acompañamos, no contenemos.
La escuela, como lugar por naturaleza de los niños, en muchos casos recibe el reclamo de no hacer lo necesario para encauzar a los pequeños y no tan pequeños. Es señalada como responsable casi exclusiva de la educación, entendida como lugar primario de la socialización y aprendizaje de aquello que nos hace posible convivir con los otros.
La familia, tan diferente hoy a la que veíamos en los libros hace años, también es acusada de “abandonarlos”, de no poner límites.
Lo cierto es que el rol de los adultos en general ha cambiado y que la sociedad actual tiene por delante el desafío de entender a los niños como propios, más allá de la familia a la que pertenezcan, más allá de la escuela a la que asistan, el barrio en el que vivan. Y esto implica reconocer que todos nuestros niños, adolescentes y jóvenes requieren de nuestra presencia en términos de ocupar efectivamente nuestro lugar de adultos.
La nueva Ley de Niñez, surgida del debate y la participación de gran cantidad de trabajadores sindicalizados y organizaciones de la sociedad, plantea justamente la imperiosa necesidad de discutir y gestionar en cada territorio políticas públicas que atiendan las problemáticas desandando el pensar focalizadamente y construyendo ámbitos cada vez más amplios de participación.
Por ello resulta urgente dar a conocer la Ley de Promoción y Protección Integral de Derechos de la Niñez, los cambios que implica en términos de paradigma, pero también de acción frente a derechos vulnerados. También es vital la conformación del Consejo Local de Niñez, integrado por representantes gubernamentales, universidades, organizaciones sociales, profesionales, religiosas y de distinta índole representativas de niños y familias.
Conocer, planificar, gestionar, ser parte, asumirnos adultos, ocupar ese espacio, demandar lo necesario. Los niños son nuestros niños, ni peligrosos ni invisibles.
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