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A su obra de asistencia social y de salud la sostenía, con enorme esfuerzo, la Sociedad de Beneficencia “Protectora de los Pobres”
Por Alejandra Fernández
Archivo Ecos Diarios
Al relatar historias de antiguas instituciones que existieron en la ciudad cuando el lugar era un poblado de calles polvorientas, es bueno intentar ubicarse en aquel tiempo y espacio, cuando la ciudad tenía menos de veinte años de vida.
Todo, o casi todo, estaba por hacerse y las necesidades de la población eran muchas y cada vez mayores, pero por fortuna había numerosas personas con un alto sentido solidario y espíritu filantrópico. Tal es el caso de la Sociedad de Beneficencia “Protectora de los Pobres”, una asociación integrada el 24 de junio de 1893 cuando la vida de Necochea se hallaba dando sus primeros pasos y toda iniciativa que tendiera a su adelanto iba fundamentando la base de su porvenir, y así lo comprendió la señora Marina G. de la Moneda, que tuvo la idea de crear una entidad que amparara al indigente.
De allí en más no fue necesaria otra cosa que la suma de voluntades y el aporte de la población para ver inaugurado, el 19 de junio de 1898, el primer hospital de la localidad, que llegó a tener alcance regional.
En coincidencia con los festejos del aniversario de la ciudad, en 1896 se colocó la piedra fundamental del futuro edificio en la intersección de la Av. 42 y Jesuita Cardiel, detrás de donde se emplaza hoy el Hospital Neuropsiquiátrico.
La Sociedad de Beneficencia atendió desde sus comienzos el Hospital Díaz Vélez, que fue un establecimiento modelo, levantado y sostenido por este laborioso grupo de damas.
La obra, si bien digna de elogio, pues brindaba bienestar social a través de la atención de la salud de las clases más necesitadas, para su mantenimiento necesitaba de la ayuda del vecindario y no contaba, de forma continua, con subvenciones de los gobiernos nacionales, provinciales o del municipio. A pesar de las dificultades, en 1904 se inauguró una nueva sala para enfermos.
La Sociedad de Beneficencia atendió desde sus comienzos el Hospital Díaz Vélez, que fue un establecimiento modelo, levantado y sostenido por un laborioso grupo de damas.
Por todo esto, los esfuerzos para sostenerlo eran inmensos, y así y todo los enfermos eran bien atendidos, tenía buen servicio de cocina, el servicio médico estaba bien dirigido, por lo que cuanto más prestigio ganaba entre la población, más necesidades surgían y la Sociedad de los Pobres comenzó a tener déficit en sus finanzas.
Viejo anhelo
Cerca de los finales de 1921 ya se comentaba la necesidad de contar con un hospital municipal, porque a pesar de la buena voluntad del personal del Díaz Vélez y por el crecimiento de la población, ya resultaba chico. Pero a pesar de los contratiempos que atravesaba este pequeño establecimiento sanitario, recién en diciembre de 1943 se inauguró el actual Hospital Municipal Emilio Ferreyra.
Es difícil recordar la vida del viejo hospital sin mencionar los esfuerzos de las damas de la Sociedad para mantenerlo. A comienzos del año 1926 se necesitaba una sala para enfermos contagiosos y delicados, así como otra para mujeres. Por iniciativa del diputado nacional Dr. Leopoldo Bard, ya se había aprobado un presupuesto de 50 mil pesos para erigir un pabellón de mujeres y otro de niños.
En el primer año de servicios el hospital atendió 7 enfermos y al siguiente fueron 9. Cifras irrisorias si se comparan con las del año 1944, cuando en plena actividad se alcanzó un récord de 2.221 enfermos internados y 25.927 por consultorios externos.
Los 3 primeros médicos que prestaron servicios fueron Fernando de la Moneda, Anselmo Ochoa y Alberto Nazarre, que eran los únicos facultativos radicados en Necochea.
Siempre fue la caridad la que permitió la continuidad del hospital, por ejemplo en diciembre de 1930 se requirió una inversión de $8.000 para la construcción de una cámara frigorífica dotada de equipo refrigerador eléctrico, una despensa, antecocina y dependencia de servicio. La obra que fue dirigida por el técnico municipal Manuel Muñoz.
En 1979, tras años de abandono y debido al riesgo de derrumbe que presentaba esta obra nacida de la solidaridad de un grupo de señoras, fue demolido.
Con donativos, en 1946 se renovaron las viejas estufas de querosén por estufas Istilart a leña. Para afrontar el gasto se realizaron suscripciones entre los comercios y empresas locales.
Directores
Al inaugurarse el Hospital Díaz Vélez presidía la Sociedad Protectora de los Pobres la Sra. Cruz P. de Murga, quien ocupó el puesto durante varios períodos, y la secundaban, entre otras, María B. de Calcines, Estaquia D. de Olivera, María B. de Laborde, todas integrantes de la comisión directiva fundadora del hospital.
Promovió la creación del hospital el Dr. Fernando de la Moneda y algunos de los que los sucedieron en el cargo fueron los doctores Emilio Ferreyra, Francisco Baltrens, Juan Carlos Landaburu. También Ernesto L. Othaz, Rogelio O. Lahitte; el doctor Carlos Acuña, José García Landera y Néstor Montangero, que se hallaba al frente del hospital cuando conmemoró 50 años de creado.
Tras una licitación efectuada en la Dirección de Arquitectura provincial se anunciaron obras de ampliación por $ 791.707,06, comprendía un anexo para enfermos infecto contagiosos y fue adjudicada a la empresa constructora local de Roco Tomagra. Pero un año más tarde, el 18 de diciembre de 1950 fue el último día de actividad del hospital, su cierre fue dispuesto por la Sociedad de Beneficencia. Los pocos enfermos que quedaban internados fueron trasladados al Hospital Ferreyra, quedando así cerrado un prolongado ciclo en asistencia hospitalaria que se remontaba a fines del siglo anterior.
El edificio durante un tiempo fue usado como morgue, años después dio albergue a los niños de la Escuela diferenciada N° 502. En 1979, tras años de abandono y debido al riesgo de derrumbe que presentaba esta obra nacida de la solidaridad de un grupo de señoras, fue demolido.
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