La pirotecnia verbal entre campo y gobierno debería finalizar hoy mismo, después de 100 interminables días de la mayor protesta rural de la historia, aunque por ahora su devenir tenga final abierto.
Por Gladys de la Nova
Agencia DYN
El lock out ruralista finalizó, no sin dejar un tendal de malheridos en el camino y a pesar de recibir acusaciones por culpas que nunca cometió, pero que, por continuidad del paro, comenzó a tener consecuencias previsibles, como el desabastecimiento, con soluciones en vías de encarrillarse.
Ahora, según admiten los mismos dirigentes, comienza una etapa que tendría que estar dominada por gestiones y lobby, esta vez en otro ámbito, el parlamentario, donde tendrá que reflejarse el máximo esfuerzo de los popes del campo para que los legisladores analicen todos y cada uno de los conflictos que provocó la polémica resolución 125. Aunque ese tratamiento todavía es como una botella lanzada al mar con un mensaje, no habría que olvidar que es el único escenario, endeble aún, donde pueden apoyarse las expectativas de los productores para resolver el prolongado conflicto que, de no resolverse, provocará otro impredecible aún, pero seguramente mayor al que acaba de finalizar.
Mientras se aguarda el devenir de las gestiones, el país ya computa los fuertes quebrantos que dejó esta etapa de la crisis y muestra su faceta más cruenta en la caída de productividad que reflejará la nueva campaña, en el límite de sus posibilidades de coberturas para el trigo de este ciclo.
A ese escenario se suman los menores ingresos de divisas que tendrá el país, por lo menos en los plazos esperados, por el fuerte recorte que muestra la oferta granaria en estas horas, que amenaza con mantenerse en tanto no se defina la instrumentación de las retenciones móviles. Tampoco las recibirá el chacarero y una vez más se desaprovechará el formidable salto que dieron las cotizaciones internacionales. No se puede prever el futuro comercial del sector y mucho menos sin mercados operativos en la plaza del término, pero la prioridad sigue siendo la de alcanzar acuerdos en la aplicación de los antipáticos gravámenes a las ventas de granos y oleaginosas al exterior.
La recuperación de la credibilidad externa es otro de los desafíos que deberá enfrentar el país, así como los mercados que comenzaron a perderse, por obra y gracia de enfrentamientos y caprichos que, en muchos casos, tuvieron claro perfil adolescente. Pocos pensaron que cuando se desarticulan los engranajes que ponen en marcha el intercambio comercial con el mundo, comienza a recorrerse un largo camino que, valga recordarlo, no siempre vuelve a los carriles que supo transitar.
Y ésto, habrá que entenderlo desde el vamos, porque es uno de los costos más elevados que ya está pagando Argentina y que, en la medida en que no resuelva sus internas como Nación, seguirá oblando en montos mayores ante los compradores de alimentos del mundo.
El sector ganadero también está soportando fuertes consecuencias, provocadas por la extensión del paro, a lo que se sumó una adversidad climática que, como tal, registró su último antecedente allá por el 96. Hoy por hoy, es imposible sacar hacienda bien terminada de los campos, mientras la sequía obliga a utilizar gran parte de las reservas forrajeras que se guardaban para la usual crudeza invernal. No se pudo sacar a tiempo, con cortes d erutas intermitentes que devastaron animales y se transita el tiempo de no poder "aguantar" mucho más a los terneros: de allí que diariamente se malvendan antes de perder la categoría.
La industria frigorífica también siente aún el cimbronazo que recibió, más por restricciones oficiales y los piquetes de transportistas que por los reclamos del campo, pero a esta altura, la suspensión de personal comienza a ser moneda corriente en las plantas de faena y un hecho consumado la pérdida de casi el 10 por ciento del cupo Hilton anual.
Así las cosas, la gente del campo está convencida de seguir buscando soluciones necesarias que se demoran en llegar, a pesar del escenario desfavorable. "De rodillas no", aseguran, en respuesta abierta a las pretensiones manifiestas del Gobierno de ver a los productores 'suplicando' soluciones. Quieren y buscan lo justo, nada más que lo que les corresponde, mientras son conscientes del desastre que ya arrasó con explotaciones pecuarias y tamberas. Cien días después de iniciado el conflicto, los quebrantos aún son incalculables, ya que también lo es el tiempo que deberá transcurrir para normalizar los límites impuestos a las exportaciones, los controles de precios, los valores sugeridos o los cierres de registros para vender granos al mundo.
El paro granario también encontró espacio y mantiene podio, en los puertos y en las aceiteras donde, en los últimos 100 días, el complejo agrícola movilizó unos 5 millones de toneladas menos que el año pasado por esta época.
El Congreso será, de aquí en más, la caja de resonancia que dejará oír las decisiones que se adopten sobre el futuro de las retenciones móviles, en tanto que el conflicto entre el campo y el Gobierno continúan esparciendo efectos nocivos sobre la economía del país.
Un conocido analista de la plaza local resumió que "el conflicto sigue con más fuerza que nunca. Si el proyecto se acepta como está, como lo pretende el Ejecutivo, la protesta resultará mayor y las posibilidades de terminar esta disputa serán aun menores".
Entre tanto, el mundo seguirá andando sin que Argentina pueda insertarse en ese escenario de crecimiento, enredada en sus propias internas que, ojala, el Congreso logre destrabar.
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