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08 junio 2008 10:20

Permaneció en pie la anunciada iniciativa de cerrar salas de internación y quirófanos en el Hospital José Irurzun para realizar obras de refacción, consideradas muy necesarias, por cierto.

Por Vicente Di Santo

Redacción

Sólo una semana permaneció en pie la anunciada iniciativa de cerrar salas de internación y quirófanos en el Hospital José Irurzun para realizar obras de refacción, consideradas muy necesarias, por cierto. Las sospechas de los vecinos y la negativa de los empleados a trasladarse para trabajar en el Hospital Emilio Ferreyra, motivaron la marcha atrás de la administración municipal.
El episodio podría tomarse como una anécdota o un simple traspié del municipio, si no escondiera algunas otras cuestiones que merece ser consideradas.
El primer llamado de atención lo tuvo el periodismo, cuando se enteró de la novedad por boca del personal del establecimiento, y no por la vía habitual derivada de la información oficial. No hubo anuncios, cuando lo usual es que el municipio informe profusamente, y mucho más cuando se trata de obras que traerán algún beneficio al vecindario.
A las pocas horas de conocida la novedad, cierto malestar comenzó a recorrer a parte del personal, al que se le adelantó que desde el lunes siguiente debía ir a cumplir tareas al Ferreyra.
Los empleados creyeron advertir que se encontraban ante una maniobra destinada a cubrir horas extras por tres meses en el nosocomio necochense y que las supuestas obras del Irurzun sólo eran una excusa momentánea.
La falta de fondos en la comuna ha obligado a cerrar el grifo de las horas extras, pero se hace necesario realizar algunos malabares para cubrir servicios que se atienden con horas extras como si éstas formaran parte de la habitualidad. En rigor, son parte de la

Las obras en cuestión no estaban presupuestadas, no existía un proyecto para tal fin. Tampoco hubo llamado a licitación.

rutina. La abundancia de horas extras municipales ya es un clásico que no reconoce colores partidarios a la hora de las decisiones. Peronistas y radicales no se han diferenciado y cayeron en los mismos excesos.
Por su parte, un sector de vecinos de Quequén percibió que podría estar ocultándose algo que ya les pasó y que es el día de hoy que rechazan: la posibilidad de que les cierren servicios de salud temporariamente pero que lo temporario se transforme en “para siempre”. Esto ya ocurrió en el Irurzun con la clausura de la maternidad, bajo la administración de Julio Municoy, y nunca más se abrió.
Entonces fue cuando trascendió que las obras en cuestión no estaban presupuestadas y que ni siquiera existía un proyecto para tal fin. Además, tampoco hubo llamado a licitación. ¿Qué fondos iban a utilizarse? Los que ingresan por obras sociales, se dijo.
“Tuve que cerrar los servicios para que me den bola en la Municipalidad”, según algunos empleados y concejales, afirmó el director del Irurzun, Carlos Gallego. Poco convincente, pensaron quienes lo escucharon.
¿Si los recursos actuales son escasos, la deuda municipal es elevada y los proveedores hacen cola para tratar de cobrar, cómo es que de la nada se decide invertir alrededor de 250.000 pesos?, fue la pregunta que no encontró respuestas.
A partir de ahí, vecinos y empleados decidieron ir a la acción, y procedieron a cortar el Puente Colgante –cosa que repitieron al día siguiente-, como medida de protesta frente a la eventualidad de que pudiera estar decidiéndose un cierre de servicios y hasta del propio hospital.
El encuentro posterior con el intendente no fue placentero. Hasta el propio Molina terminó ofuscado, ante la negativa de los vecinos para suscribir un acta en la cual se acordaran pautas que el municipio debía cumplir. La gente pedía que se mantuvieran 10 camas para internación y que todo el personal siguiera cumpliendo tareas en el Irurzun, pero no hubo acuerdo.
Inmediatamente, la decisión de Molina de “postergar transitoriamente” el comienzo de las obras de refacción, se advirtió como una medida acertada frente a las discrepancias y a la turbulencia que generó el tema. En suma, la administración radical se encontró con un problema donde antes no había nada, de modo que no hubiera tenido ningún sentido la profundización del mismo.

“Corten, corten”

La decisión de cortar la vía pública es una reprochable actitud que se va transformando en habitual, en un país donde no hay limitantes para los excesos en la calle, a partir de que el actual gobierno nacional los ha tolerado y, peor aún, propiciado.
El corte de la vía pública es condenable lo haga quien lo haga. Para el caso, es tan censurable un piquetero que corta la Avenida de Mayo, los ruralistas que hacen lo propio en las rutas del país, o los vecinos de Quequén en el Puente Colgante. Y esto va más allá de la justicia de las causas que defiendan; tiene que ver con los derechos del resto de la sociedad.
Se ha impuesto en los últimos años un sistema de protesta que arrasa con las instituciones republicanas, porque éstas se encuentran devaluadas y sobrepasadas por el peso del Poder

Llama la atención que se anuncien obras por 250.000 pesos en el Irurzun cuando la caja municipal está muy comprometida.

Ejecutivo, que las ignora y las bastardea. Esa tendencia antirrepublicana nace en la Casa Rosada y se extiende como una mancha hacia el resto del país.
Esa tendencia es altamente peligrosa para el sistema republicano de gobierno porque sobrepasa a las instituciones y a los miembros de las mismas, que han sido elegidos por la ciudadanía para que sean sus representantes.
Será difícil redireccionar este tipo de actitudes mientras se las siga alentando desde lo más alto del poder político del país.
Estas formas de protesta pueden generar resultados rápidos y a gusto del protestante, como ocurrió en estos días con relación a las obras del Irurzun, pero también pueden dar lugar a conflictos imprevisibles y de altísimo costo, como está ocurriendo desde hace tres meses con el campo, si antes no se imponen el sentido común y el buen criterio.
Hay que aceptarlo: llama la atención que se anuncien obras por 250.000 pesos en el Irurzun cuando la realidad de la caja municipal es muy comprometida.
Si como parece, el Departamento Ejecutivo está en problemas financieros es probable que tenga que adoptar otras medidas, tendientes todas a seguir ofreciendo los mismos servicios aún con escasos recursos. En cualquier caso, ya es tiempo para blanquear la situación y explicarle al vecino cómo están las cuentas de la Municipalidad, cuestión a la que se ha resistido, hasta ahora, el jefe comunal.
De hecho, se encuentra en el Concejo Deliberante un fuerte y generalizado pedido de aumento de tasas, motivo más que suficiente para informar al contribuyente, que en última instancia será el que deba pagarlo.
 

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