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Ana María Carrizo trabajó 43 años recibiendo a los niños del Jardín Nº 901. “Anita”, como todos la conocen, decidió jubilarse y el 30 de abril dejó el trabajo que amó durante toda su vida
Por Maximiliano Caloni
Redacción

Para la mayoría es “Anita”, incluso hay algunos que le llegaron a decir abuela, pese a que no eran sus nietos. Es que Ana María Carrizo entregó solamente una sonrisa y cariño durante los 44 años que estuvo como portera del Jardín Nº 901 de nuestra ciudad, hasta el pasado 30 de abril.
Quién no recuerda a la portera del jardín de infantes o la maestra de primer grado o la preceptora… esa mujer que siempre estaba ahí y era un poco la “compinche” de los alumnos. Esa fue la función que cumplió “Anita” a los largo de toda su vida, ya que a los 17 años empezó a trabajar en el establecimiento educativo.
“Este fue mi primero y único trabajo”, sentencia hoy Ana María Carrizo, que volvió a pisar el jardín para entrevistarse con Ecos Diarios y reconoció que volver “me emociona un poco…”.
Cuando tenía 17 años, la Cooperadora del jardín la llamó para que hiciera de portera. Un año más tarde, le llegó la designación del Ministerio de Educación de la Provincia y nunca más dejó la institución. Es más, para todas las maestras y directoras que pasaron, es parte fundamental del establecimiento.
“Siempre fui portera y nunca fui a otro Jardín… Yo siempre vine contenta al trabajo y eso es lo principal. Como siempre me sentí bien acá, me quedé”, dice entre risas. Obviamente, los directivos del Jardín siempre estuvieron conformes con su trabajo y esa conjunción se dio por 43 años.
Amor permanente
Para aquellos que no la conocen, la personalidad de Ana maría es fundamental a la hora de entender el porqué de tantos años de servicio: siempre tiene una sonrisa y no dejó de saludar a nadie cuando volvió al Jardín para hacer entrevista.
Obviamente, Anita no sólo abría la puerta del Jardín. También se encargaba de “malcriar” a los más chicos, según dicen las maestras. “Es que siempre había alguno que lloraba o le pasaba algo y ahí les daba alguna cucharadita de dulce de leche o le preparaba una leche para calmarlo”, cuenta.
“Muchas mamás me decían que los hijos no tomaban la leche en su casa, pero acá sí porque se las preparaba yo”
“Un mimo siempre estaba a la orden del día… porque es mi manera de ser”, aseguró, puntualizando que “siempre tuve mucho cariño por los chicos, y ellos creo que también lo tuvieron conmigo”.
Para todos los niños, Carrizo siempre fue “Anita” y según sus propias palabras, “algunos hasta llegaron a decirme abuela, aunque en ningún momento les dije que lo hicieran… pero debe ser por mi forma de ser, ¿no?”.
También los padres de los chicos tuvieron un amor especial por Carrizo. “Muchas mamás me decían que los hijos no tomaban la leche en su casa, pero acá sí porque se las preparaba yo”, comenta entre risas, y aclara que “en realidad yo no hacía la leche, pero les decía eso para que la tomaran”. “Eso para mí es impagable”, reconoce.
Después de tantos años al lado de los niños, para Carrizo no fue nada fácil imaginarse fuera del Jardín, y mucho menos tomar la decisión de jubilarse. “Me costó muchísimo”, aseguró, aclarando que “pero ya era tiempo y hay que darle lugar a otra persona”.
“Lo analicé bastante, porque me llevó mucho tiempo”, puntualizó. Hoy disfruta de su familia, pero asegura que “quiero seguir ayudando al Jardín, porque no me gusta estar sin hacer nada”.
El 30 de abril pasado fue el último día como portera. El Jardín le realizó una emocionante despedida y ahora organiza una fiesta en su honor. Volvió a pisar el Jardín para realizar la entrevista, se emocionó y seguramente seguirá ligada a la institución educativa que le dio su primer y único trabajo, al que amó con toda pasión.
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