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Fabricando incertidumbre | Ecos Diarios
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04 mayo 2008 10:09

En la ciudad y la zona ya se sienten los efectos de una política oficial devastadora hacia el sector rural. Decaen las ventas de insumos agropecuarios y se sienten las consecuencias en otros sectores comerciales.

Por Vicente Di Santo

Redacción

Una fuerte incertidumbre alcanza a una buena parte del país, y Necochea no escapa a la situación. El pésimo manejo que el gobierno nacional ha hecho de la crisis con el campo, así como su extensión en el tiempo, han generado consecuencias de gravedad para las economías regionales.
Peor aún, el gobierno ha seguido insistiendo con una línea de agresividad hacia el sector rural, que carece de antecedentes en el país, echando leña al fuego en vez de calmar los ánimos. Presidenta, ex presidente, jefe de gabinete, ministros y funcionarios de menor jerarquía han repiqueteado sobre el discurso cuya matriz tiene la marca K en el orillo, ninguneando y vapuleando al principal sector productivo de la Argentina y dando lugar a una bronca de proporciones. Las provocaciones ni siquiera se detuvieron durante la tregua de un mes que acaba de terminar.
El gobierno ha demostrado, además de escasísimo tacto político, un increíble desconocimiento de la realidad del llamado país-interior, que en un gran porcentaje depende del campo y su producción para mover los engranajes de la economía y el comercio.
Aunque parezca mentira, el gobierno ha dado señales muy claras de su desconocimiento acerca de cómo funciona la cadena productiva y comercial en una gran parte de la Argentina.
La crisis con el campo ha desnudado, a su vez, una crisis interna en el gobierno, al punto que en más de una ocasión los dirigentes rurales no han tenido interlocutores válidos.

El gobierno se ha transformado en un fabricante de incertidumbre, partiendo de medidas económicas y tributarias erróneas y generando una crisis política impensada.


El gobierno se ha transformado en un fabricante de incertidumbre, partiendo de medidas económicas y tributarias erróneas y generando una crisis política impensada en diciembre pasado.
Pese a que se anunció que iba a llover gasoil, no sólo no cae del cielo, sino que escasea y el que se consigue viene con un valor más elevado. La producción agrícola ganadera se encuentra en un momento crucial y lamentablemente, por ahora son más las dudas que las certezas, y reinan la desconfianza y la incertidumbre.
En Necochea y su zona de influencia –así como en otras regiones bonaerenses y de provincias pampeanas- ya se están sintiendo los efectos de una política oficial devastadora hacia el campo.
De hecho, decayó notablemente la venta de todo tipo de insumos agropecuarios, es decir, de los productos vinculados de manera directa a la producción. Pero también se sienten las consecuencias en el resto de los sectores comerciales, como los que venden bienes tan disímiles como automotores, propiedades, prendas de vestir o artículos para la construcción.
Y es lógico que así sea, porque el campo es la palanca que moviliza a la economía, incluyendo a una buena parte de la industria.

Un año difícil

Hace apenas dos meses señalábamos en esta columna que Necochea se enfrentaba a un año complicado, como consecuencia de:

• Las heladas tardías que habían originado un verdadero tendal en la media de la producción zonal. Con altas temperaturas, déficit hídrico y heladas tardías la zona rural tuvo un durísimo golpe a finales del año anterior.

• Una floja temporada de verano, con menos visitantes y menor poder adquisitivo, además de mal tiempo, lo que redujo los ingresos de quienes dependen del sector turístico.

• Intensas lluvias e inundaciones en marzo, que provocaron demoras en la recolección de la cosecha y graves pérdidas en la misma, además de fuertes deterioros en la red vial del distrito.

Todo lo anterior planteaba un panorama difícil y luego llegó, como si eso fuera poco, en marzo, el enfrentamiento del campo con el gobierno nacional, dando lugar a la completa paralización de los trabajos y las ventas rurales.
Se ha dicho hasta el cansancio que Necochea y su zona de influencia tienen una fuerte dependencia económica con la actividad del campo, al punto que un elevado porcentaje de sus ingresos derivan de la cadena agroexportadora.
Frente a los factores negativos mencionados, es momento para desensillar hasta que aclare y, al mismo tiempo, generar condiciones internas para fortalecernos, al menos hasta que pase esta suerte de tormenta que no afecta solamente a nuestro distrito, por cierto.
Hay factores cuyo manejo no está al alcance de los necochenses, como la solución del conflicto abierto entre el campo y el gobierno por el aumento de las retenciones a los granos. O los vaivenes del comportamiento climático.

Se declama el consenso, pero no se hacen los esfuerzos necesarios para construirlo. Es una asignatura pendiente que el ciudadano reclama.


Pero dentro del mal presente que traen las malas nuevas climáticas o de conflictos originados fuera del distrito, pero que lo afectan, hay otras cuestiones que sí pueden ser materia de consideración y de aporte de soluciones en el nivel local. En parte para que los problemas no nos sorprendan con los brazos caídos, pero también para ver la posibilidad de generar un fortalecimiento distrital que sea capaz de posicionarnos mejor y hasta de aprovechar las oportunidades que siempre aparecen en momentos de crisis.
Un aspecto primario a tener en cuenta cuando nos encontramos frente a un cuadro desalentador es que no generemos nosotros mismos más problemas –los internos- a los ya existentes. Con los externos ya nos alcanza y sobra.
Recientes encontronazos producidos entre el gobierno municipal y la oposición peronista van justamente a contramano de lo señalado anteriormente.
Acusaciones cruzadas han dado un indicio en los últimos días acerca de las dificultades que podrían existir para que ambos sectores pudieran encontrarse y ver la posibilidad de hallar elementos comunes.
La enorme mayoría de la sociedad no comparte las relaciones políticas ríspidas, las acusaciones cruzadas y el discurso crispado. No sólo porque sabe que no es la forma de encontrar caminos comunes, sino porque también entiende que de esas discusiones no va a sacar nada en claro.
En el último cuarto de siglo oficialismo y oposición se han mostrado refractarios al hallazgo de coincidencias, dando continuidad a una cultura política que mucho daño le ha hecho al distrito y al país. Nadie ha aprendido a generar consensos, a separar los temas fundamentales de las chicanas o la paja del trigo.
En ese sentido se han comportado igual el oficialismo justicialista de años atrás y el radicalismo de los últimos tiempos. Se declama el consenso, pero no se hacen los esfuerzos necesarios para construirlo. Es una asignatura pendiente que el ciudadano reclama.
 

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