Con la mayoría oficialista, el Concejo Deliberante acaba de votar favorablemente la autorización para que el Departamento Ejecutivo llame a licitación para dar en concesión seis balnearios y una unidad gastronómica
Por Vicente Di Santo
Redacción
Con la mayoría oficialista, el Concejo Deliberante acaba de votar favorablemente la autorización para que el Departamento Ejecutivo llame a licitación para dar en concesión seis balnearios y una unidad gastronómica.
El proyecto del radicalismo generó cierta polémica en diferentes sectores, pero no terminó de plasmarse en una fuerza tal que fuera a torcer la voluntad política de llevar adelante la iniciativa.
Uno de los aspectos más criticados ha sido la idea de no licitar tres balnearios a los que se les venció la concesión, buena parte de cuyas estructuras será derribada –así como otras edificaciones de las restantes unidades- para posibilitar la definición de un nuevo perfil del frente costero.
Otra de las críticas fuertes escuchadas ha sido, en realidad, una pregunta que hasta ahora no tiene respuesta: ¿de dónde saldrá el dinero para llevar a cabo la obra pública? que, como es obvio, estará a cargo de la Municipalidad.
El proyecto busca ofrecer un replanteo de modernización en una playa que se ve igual hace un cuarto de siglo. Y para ello se ha optado por tomar ideas prestadas de experiencias realizadas en Monte Hermoso y Villa Gesell, pero que también pueden observarse en lugares más lejanos, como San Clemente y Santa Teresita.
Se trata, en definitiva, de adaptar las playas céntricas a nuevos usos y costumbres.
No es posible que no se pueda ver el mar desde la avenida costanera. Esto tiene que ser modificado.
Se prevé que las nuevas instalaciones de balnearios sean de materiales livianos, donde prevalezca la madera, y una nueva concepción de la zona que va desde el murallón de la avenida 2 hasta la calle interbalnearia, con amplios espacios verdes.
En el cuarto de siglo que pasó desde las primeras construcciones licitadas, a principio de los 80, en la administración de Domingo Taraborelli, hasta ahora, ha habido todo tipo de irregularidades y abusos, tanto de algunos concesionarios como de la propia comuna.
Todo ello llevó a que la zona central de las playas se fuera cubriendo de construcciones, algunas incluso de dudoso gusto y calidad, hasta terminar convirtiéndose en una suerte de muralla visual que oculta el mar desde la avenida 2.
Hoy se acepta mayoritariamente que no es posible que no se pueda ver el mar desde la avenida costanera, en un amplio tramo de la zona céntrica del sector balneario. Esto tiene que ser modificado.
En falta
Concesionarios y Municipalidad –como se dijo- han estado en falta, cosa que aún hoy puede verificarse con sólo observar la presencia de una horrible casilla de madera construida por la comuna delante de la Rambla.
¿Cómo puede exigir el municipio a los concesionarios cuando no cumple con las más elementales reglas de buen gusto?
Quizás por eso –y algunas otras razones- algunos concesionarios suelen olvidar su condición de tales y terminan creyendo ser propietarios del sitio asignado por la licitación.
La idea general que propone la administración de Daniel Molina parece aceptable y da la impresión de buscar una modernización que la playa central está necesitando. Por eso una de las frases más escuchadas de estos días fue: Algo hay que hacer, peor de lo que está no va a quedar.
Sin embargo, el Departamento Ejecutivo no ha explicado todavía cómo va a obtener el dinero necesario para enfrentar tan fuerte erogación pública, ni cómo va a devolverlo, en el caso de que se lo presten.
Hay quienes tienen temores acerca de que las obras queden a medio hacer, por falta de recursos y –por qué no decirlo- porque la realidad del país plantea algunos nubarrones que, por lo menos, invitan a la precaución.
¿Es buen momento político y económico para lanzar estas nuevas licitaciones o el tiempo fue hace dos años, cuando el DE decidió prolongar las licitaciones vencidas?
Es positivo que se avance con sectores verdes sobre las actuales playas de estacionamiento de los balnearios, pero también habría que dar respuestas a las necesidades que por esa circunstancia tendrá el usuario. ¿Lo contempla el proyecto?
La falta de respuestas del municipio a algunos de los interrogantes planteados ha sido el motivo principal de la generación de dudas y oposiciones.
Con la mayoría
En este proyecto la administración radical ha cometido algunos de los errores de anteriores gobiernos, en el sentido de ir hacia delante por el peso propio de los votos
No pueden cometerse errores en una zona de la ciudad en la que no se admiten deslices.
que sustentaron el triunfo electoral reciente, sin importar qué opinan algunos sectores que –necesariamente- deben ser escuchados.
No es excusa el hecho de que el proyecto de remodelación del frente costero fue puesto a consideración de la gente durante la compulsa electoral de octubre. De hecho, durante la campaña nunca se lo escuchó a Molina hacer un pormenorizado relato de lo que pensaba concretar en las playas céntricas en caso de ser reelecto. En este y otros tantos temas se guardó más de lo que dijo.
Tampoco puede insistirse en que forma parte del Plan Urbano Ambiental (PUA), en cuya construcción participaron sólo algunos miembros de la comunidad.
Mucho menos se ha realizado una difusión detallada y masiva de lo que se desea concretar con esta iniciativa. Tampoco se lo ha discutido con la oposición, más allá de algunas horas de chicanas políticas intrascendentes, o con instituciones integradas por técnicos o especialistas.
El Departamento Ejecutivo actuó como suelen hacerlo las mayorías, como hace el kirchnerismo donde controla las cámaras legislativas.
Debió tenerse en cuenta que la playa –como el Parque Lillo o el edificio del Casino- son patrimonio particularmente afectivo de la ciudad, así como generadores de una intensa movilidad económica y cultural, razón por la cual todo lo que allí se haga tendría que contar con el respaldo de algo más que el voto de los ediles oficialistas y la decisión política del Ejecutivo.
Esa definición escapa al proyecto y a la reconocida necesidad de modernizar el frente costero; pertenece a la esencia del sistema democrático de gobierno.
El Departamento Ejecutivo ya tiene las herramientas como para hacer los llamados a licitación. De aquí en más habrá que seguir atentamente la dinámica de lo que ocurra, de manera de no cometer errores en una zona de la ciudad en la que no se admiten deslices.
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