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Un necochense vivió una pesadilla |
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06 febrero 2010 08:51 |

Una verdadera pesadilla vivió el necochense Miguel Angel Sampayo y su familia en su propia casa de calle 17, entre 65 y 66, de La Plata, lugar que eligió para trabajar y criar a sus hijos, aunque jamás pensó que podría ser protagonista de un episodio de extrema inseguridad, que sólo por milagro no terminó en tragedia luego de ser rehenes de tres descontrolados delincuentes.
El episodio conmovió no sólo a las víctimas, sino también a toda la comunidad de la capital provincial y el resto del país por sus características muy violentas, ya que los asaltantes demostraron estar dispuestos a cualquier cosa. Hasta vecinos de esa ciudad aseguraron a Ecos Diarios en comunicación telefónica que un caso de estas dimensiones hacía mucho tiempo que no se registraba.
Todo se desató minutos después de las 8 de la mañana del jueves último cuando el necochense Miguel Sampayo, de 51 años, salía con su auto para ir a trabajar al Instituto de Previsión Social de la Provincia de Buenos Aires.
Cuando el hombre que nació y realizó sus estudios primarios y secundarios en Necochea quiso cerrar el portón de rejas de su domicilio, donde todavía descansaban la mujer, sus dos hijos y un sobrino, notó que ya no estaba solo. Lo acompañaba un joven, que enseguida sacó un pistolón de grueso calibre y, en medio de insultos y amenazas, descubrió sus peores intenciones.
Según se conoció, el malviviente le pegó un culatazo en la cabeza a Sampayo, que comenzó a sangrar, y lo llevó a empujones hacia el interior de la casa contando con la ayuda de los dos cómplices, uno de ellos menor de edad.
Los ladrones, una vez dentro de la vivienda, llevaron al necochense que estudió a partir de 1977 Ciencias Económicas en La Plata y luego se radicó en ese medio, hacia la planta alta donde tiene una pequeña oficina. En ese lugar, los asaltantes lo golpearon duramente y lo ataron de pies y manos; algo similar hicieron con su esposa, Andrea Echeverría, de 41 años, quien sufrió una descompensación ante la dramática experiencia vivida.
Llegó la Policía
Al parecer por un llamado al 911, que habría hecho un vecino, quien observó movimientos extraños en el lugar, dos patrulleros llegaron hasta la casa de los Sampayo para constatar si todo estaba en orden.
Lo que había comenzado como un posible asalto al voleo, terminó convirtiéndose en una declarada toma de rehenes, donde no faltó ningún condimento: móviles policiales por todas partes, efectivos parapetados en los techos de las viviendas linderas, un helicóptero de la Policía sobrevolando la manzana, para cubrir una eventual fuga, y, sobre todo, mucha tensión.
A pesar de la angustia e incertidumbre por lo que pudiera suceder, los hijos del matrimonio y, el sobrino, apenas advirtieron un descuido de sus captores, planearon escapar. Dos de ellos corrieron hacia el frente de la vivienda y gracias a la heroica aparición de una mujer policía, a la que poco le importó los disparos que comenzaron a lanzar los delincuentes, corrió hacia ellos para rescatarlos sanos y salvos.
La hija del matrimonio Sampayo y el sobrino lograron escapar de los autores del ilícito, quienes siguieron disparando contra el personal policial y uno de los proyectiles hirió levemente a un subteniente de la Jefatura Departamental platense, Alejandro Sosa, que se encontraba a pocos metros de la casa y debió ser derivado por precaución a un centro asistencial.
Miguel Sampayo se fue muy joven de nuestra ciudad a continuar sus estudios universitarios y algo similar hizo su hermano, Julio, mientras que su madre también se trasladó a la ciudad platense años después. En Necochea, la familia Sampayo habitó una vivienda de calle 54 entre 55 y 53, y antes de recibirse como contador Miguel Angel asistió al Colegio José Manuel Estrada, ex Nacional.
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