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Equipo K: hay humo en tus ojos | Ecos Diarios
Equipo K: hay humo en tus ojos Imprimir E-Mail
21 abril 2008 10:39
La contaminación por humo que sufre una amplia región del Centro-Este del país fue advertida por el Gobierno muchos días después que comenzara, y utilizada, una vez más, para agitar las teorías de culpas, complots, de ángeles y demonios.

Por Carmen Coiro
Agencia DYN El incendio de pastizales comenzó el 3 de este mes, provocó en su inicio un trágico accidente en la ruta 9. Ya por el día 9, cuando se produjo el primer choque en cadena a la altura de la ciudad de Campana, se hablaba en el lugar de la densa humareda producto de la quema de pastizales. 

En la Casa Rosada no hubo una sola reacción: todas las energías estaban concentradas en la pulseada que había comenzado con el campo, no en la negociación: se agudizaban ingenios oficialistas para encontrar la manera más certera de torcerle el brazo al sector que le hizo al gobierno de Cristina Kirchner la protesta más larga de la historia en ese rubro.

Mientras la mente de quienes conducen el país -Cristina y su esposo y antecesor, Néstor Kirchner- se devanaban pensando cómo hacer para seguir mostrando a los productores del campo como los villanos de la película -los "codiciosos" "desabastecedores"-, parte del país se incendiaba y el humo que llegaba hasta el propio corazón de Buenos Aires todavía no merecía no sólo un comentario, sino una acción, de parte del Estado.

Como si el humo hubiera nublado la vista y el entendimiento de quienes ejercen las máximas responsabilidades del país, los días fueron transcurriendo en una contradicción entre la realidad de la gente y la realidad de los gobernantes.

Néstor Kirchner negociaba a todo vapor para conformar la lista que lo encumbraría al frente de la presidencia del partido oficialista; Cristina Fernández seguía dedicándose a cuestionar a los hombres del campo aunque ya había comenzado un pseudo diálogo que sólo el sentido común de los productores hizo que se mantuviera resistiendo el deseo de volver a patear el tablero, y los miembros del Gabinete nacional se peleaban por esos espacios de poder mezquinos que a la larga terminan siéndole esquivos a todos si es que no los saben utilizar.

Todo eso y más ocurría en la cumbre áulica del poder kirchnerista mientras millones de argentinos, envueltos en un humo tóxico, se preguntaban si lo que estaba ocurriendo era por fuerza del destino, e inevitable, y no entendían por qué los gobernantes no tomaban cartas en el asunto.

Tarde el Gobierno intentó demostrar que reaccionaba ante el fenómeno, pero una vez más recurrió al remanido método que a quien más desgasta es a los habitantes de la Casa Rosada: la búsqueda de la "culpa" en el otro, claro.

La "culpa del otro" parece ser la clave del diccionario K. Ninguno de los funcionarios que salió a hablar entre el jueves y el viernes pasados, cuando el humo ya obligaba a usar barbijos a los porteños, se refirió a algún el plan de emergencia para poner fin a tan preocupante fenómeno. Dejaron que los tres focos iniciales se convirtieran en quinientos, sin ningún sentimiento de autocrítica o de culpa.

Las "acciones" de Gobierno se centraron una vez más, en el aprovechamiento de las desgracias para acarrear agua para su propio molino. El humo era consecuencia de la "codicia" de los productores agropecuarios, y habría que denunciarlos penalmente.

Allí se agotó el discurso oficial, que en ningún momento se ocupó de analizar la necesidad de aplicar un plan de contingencia de fuego.

Romina Picolotti, reaparecida de entre las cenizas, utilizó un discurso, dictado detalladamente por sus jefes, que superó cualquier expectativa surrealista. La funcionaria, que apareció en una conferencia de prensa en la Casa de Gobierno flanqueada por el ministro del Interior, Florencio Randazzo, se calzó una bufanda verde (¿un símbolo de que le preocupa el ambiente?) y desgranó una serie de teorías que probablemente quedarán en la historia como un hito de la disociación de un funcionario respecto de sus responsabilidades.

Aseguró que "cada uno de los focos de fuego", por entonces más de medio millar, estaba perfectamente localizado, pero no para combatirlo, sino para determinar quién había encendido el fósforo y ponerlo en la cárcel, mientras el fuego seguía devorando terreno. Habló de gente detenida y repitió lo que en la bajada de línea se había ordenado: usó los términos "irracionalidad", "irresponsabilidad" y "codicia" que la misma presidenta Kirchner empleó también para referirse al fenómeno, al igual que todos los ministros que hablaron sobre el tema.

Visto desde una buena distancia, esos términos podían bien aplicarse a los propios dueños del poder. "Irracionalidad" fue la demostrada a la hora de elegir culpables más que de buscar soluciones; "irresponsabilidad" fue la detectada cuando se prefirió la línea discursiva en vez que la de la acción para poner fin a la desgracia. "Codicia", la de los funcionarios que sólo pretenden ganar posiciones frente a una realidad que les es cada vez más esquiva.

Picolotti dijo además que ella no pensaba "arriesgar la vida de bomberos y brigadistas" enviando a los aviones hidrantes a apagar el fuego. Como si la función de esos servidores públicos no incluyera por definición el peligro para poder poner a salvo a una comunidad entera; como si se decidiera que un policía no fuera a combatir un delito flagrante por temor a que reciba un disparo.

La "irracionalidad" y la "irresponsabilidad" no parecieron ser patrimonio de los productores agropecuarios, a quienes el Gobierno señaló como culpables de querer ganar mucho dinero pronto. Se habló de productores detenidos: hay dos hombres presos en Campana por el incendio de pastos, pero no son precisamente dos productores: se trata de un conocido chofer de colectivos que suele ocupar tierras fiscales para alimentar las cinco vacas que posee, y un compañero suyo, un uruguayo, como confirmaron oficialmente, pero indocumentado. Los detenidos, lejos de ser ricos y avaros productores, son simplemente dos rateros muy conocidos en la zona por los propietarios de islas que suele ocupar ilegalmente.

Mientras tanto los productores del campo seguían atónitos observando cómo el Gobierno los había elegido como blanco de todos los ataques. En la provincia de Santa Fe, una de las más ricas de campos productivos, los agricultores y ganaderos ya expresan abiertamente temores sobre su futuro al punto de considerar alarmante la presencia del piquetero oficialista Luis D'Elía en Rosario.

D'Elía llegó el viernes a Rosario y en esa ciudad se preguntaban por qué estaría allí. Temían tal vez acciones concomitantes con sus declaraciones cuando aseguró su "odio" visceral a lo que considera "la oligarquía".

Después tal vez esa preocupación cedió porque una vez que el humo fue disipándose de Buenos Aires, atacó de lleno precisamente a Rosario, la ciudad donde crecían las preocupaciones y los reclamos al gobernador Hermes Binner para que adoptara una postura más firme a favor del campo y dejara de lado las ambigüedades que todavía le permiten navegar a dos aguas entre sus votantes y el kirchnerismo.

Picolotti habló de "negligencia inadmisible" como causa del fuego, pero no acusó recibo de la propia negligencia a la hora de dejar pasar y no atacar el problema de frente.

Cristina Fernández de Kirchner, quien tarde decidió ir a Zárate a observar el fenómeno de cerca, también dijo otra frase que podría tener el efecto de un boomerang: "Alguien -dijo- va a tener que hacerse cargo" de las consecuencias de lo ocurrido.
 

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