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Según surge de los últimos hechos de violencia escolar.
Por Claudio Hunter Watts
Colaboración
Los recientes -y cada vez más frecuentes- episodios de violencia en establecimientos escolares son una muestra más del colapso en que se encuentra -desde hace un par de décadas- el sistema educativo en nuestro país, pero frente a ese fenómeno el Estado sigue ausente, pues ni siquiera esboza planes para poner freno a lo que, en los últimos diez días, costó la vida a dos alumnos.
Esos dos asesinatos perpetrados por un compañero de clase de las víctimas (uno en Villa Gesell, el otro en Misiones), además de peleas entre escuelas “rivales”, golpizas a docentes, etc. hacen necesaria la creación -a nivel nacional, provincial y municipal- de comités de crisis conformados por expertos que ejecuten programas para disminuir los casos
La ley 26.206 (de Educación, sancionada y promulgada el año pasado) no tiene en cuenta la violencia en los claustros, ni siquiera plantea capacitar a los docentes para encararla.
de violencia escolar, estimulen el comportamiento positivo e incrementen las posibilidades de mejorar la adquisición de conocimientos académicos.
Sistema caótico
La ley 26.206 (de Educación, sancionada y promulgada el año pasado) no tiene en cuenta la violencia en los claustros, ni siquiera plantea capacitar a los docentes para encararla. Esa norma es un encadenamiento de buenas expresiones y deseos que se agolpan artículo tras artículo intentando dar un sentido de coherencia a un sistema caótico, perverso y desmoralizante. En las 14.837 palabras que conforman esa ley no figuran los vocablos alcohol o nocturnidad, mientras droga e internet aparecen sólo una sola vez, lo cual revela un preocupante desconocimiento de la realidad.
El sistema educativo ha colapsado ante el arrollador avance de las nuevas tecnologías, el saber automático y la información mediática, lo que a su vez generó en niños y adolescentes otros hábitos, conductas y hasta valores muy distintos a los de sus mayores. Un chico de entre 6 y 16 años tiene en nuestro país unas mil horas de clase al año, pero en ese período pasa poco más de 1.500 horas frente a una pantalla de televisión o de una computadora, según datos del propio Ministerio de Educación de la Nación.
El televisor
En muchos hogares el componente más importante es el televisor porque influye poderosamente en la cultura, valores y hábitos de todo el grupo familiar, especialmente en los menores, los más vulnerables. Un niño, que recién a partir de los seis o siete años comienza a diferenciar realidad de ficción, es saturado diariamente desde la TV con episodios de extrema violencia, como crímenes y guerras, pero no sólo en noticieros, novelas o películas, sino hasta en supuestos inocentes dibujos animados; también con escenas de alto voltaje erótico en programas promocionados –inexplicablemente- como de entretenimiento familiar. A eso hay que sumarle internet, que tiene un gran nivel de atracción -hasta niveles casi adictivos- y sobre la cual tampoco hay control alguno.
Violencia y sociedad
Corresponde a los padres lograr que un chico no pase más de una hora por día –dos a lo sumo- frente a la pantalla de la TV o de la PC viendo programas o con juegos acordes a su edad. Lo ideal es que esté acompañado por un adulto que pueda explicarle de qué se trata, que le ayude a diferenciar realidad de ficción. Pero, es el Estado quien tiene la gran cuota de
De las obligaciones que le corresponden al Estado, es necesario también reflotar la alianza familia-escuela para poner juntos freno a tantas distorsiones de valores, a tanta violencia y chabacanería que irradian la televisión e internet
responsabilidad, ya que, sin llegar al extremo de la censura, debe fijar pautas claras y precisas y tener controles realmente efectivos sobre los programas que emite la televisión -la abierta y la de cable- y también sobre las publicidades, que además de incentivar el consumismo fijan modelos estereotipados ajenos a la realidad.
La violencia –ya sea en escuelas o en otros ámbitos- responde a factores sociales, económicos y culturales, por lo que no se puede atribuir directamente a la influencia de la televisión o de internet, pero sí es cierto que esos medios alientan en niños y adolescentes agresividad y un exagerado consumismo.
Además de las obligaciones que le corresponden al Estado, es necesario también reflotar la alianza familia-escuela para poner juntos freno a tantas distorsiones de valores, a tanta violencia y chabacanería que irradian la televisión e internet y eso se logra dedicando tiempo a nuestros hijos, que es la mejor forma de amar y de educar.
(*) Psicólogo, especializado en trastornos de conducta de la infancia y coordinador terapéutico de la Escuela San Martín de Porres dedicada a autistas.
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