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La triste realidad |
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02 julio 2009 11:16 |
Se acabaron las elecciones y como si hubiera estado amordazado en función de las necesidades políticas, el drama de la Gripe A estalló simultáneamente a lo largo y a lo ancho del país desnudando una triste realidad: ni el gobierno nacional, ni las provincias, ni la propia ciudad autónoma de Buenos Aires, han desplegado políticas sanitarias eficaces para hacer frente a situaciones extremas que pongan en jaque la salud de la población.
Por Jorge Carlos Brinsek
Ya no hace falta mentir ni ocultar. Las cifras del flagelo multiplican holgadamente los pacatos guarismos oficiales, aquellos diseñados para evitar aún más el revés electoral del domingo. Harta de no ser escuchada y de comprobar amargamente como el dinero para remedios, reactivos y antibióticos iba derechito a prebendas proselitistas, la ministra de Salud, Graciela Ocaña, finalmente presentó su renuncia.
Se supo que la atribulada funcionaria –que envejeció años en semanas- había recomendado suspender las elecciones. Casi la cuelgan. Los gobiernos de la región nos miran de reojo. Los argentinos siempre somos un problema y cuando una calamidad se produce en el mundo, más tarde o más temprano nos ingeniamos para importarla y en corto tiempo ponernos a la cabeza de ella.
Todo lo que se está haciendo apresuradamente y a los tumbos ahora debió haberse concretado mucho tiempo atrás, en particular con la habilitación en distintos lugares del país de centros homologados para determinar con precisión cristalina los alcances del mal. Una de los absurdos es que, habiendo solventes laboratorios en las principales ciudades del país, con capacidad operativa y tecnológica aún superior al nivel oficial, se les impida hacer las pruebas de comprobación para que si hay casos sospechosos de Gripe A puedan detectarlos, descomprimiendo el brutal embotellamiento de muestras en el Instituto Malbrán de la Capital Federal.
Claro, el problema es la falta de dinero ya que, como se dijo, los reactivos son importados, hay que pagarlos en dólares y se producen masivamente en naciones asiáticas como es Corea en el otro lado del mundo.
Lo que tuvo que haberse hecho es desplazar especialistas a todos los centros privados capacitados para este tipo de análisis, asignar partidas para pagar los análisis incluso con la urgente e importación inmediata de reactivos y establecer una rápida red que permitiese en poco tiempo –no en días y hasta semanas- saber si un caso sospechoso era una falsa alarma a un episodio real.
La gripe no reconoce banderías, triunfos, ni derrotas políticas. Castigó por igual a perdedores como ganadores. El común denominador fue que ninguno de ellos había adoptado recaudos contundentes ni una eficaz coordinación comunicacional para combatir integralmente la propagación de la gripe.
El mal también dejó en claro que el país en todos estos años ha retrocedido abruptamente en materia de prevención sanitaria. En los hechos, y este es un tema que otras veces se ha señalado en esta columna, el pueblo de la Nación Argentina está totalmente desprotegido a la hora de un desastre natural, sea este una inundación, un sismo, o como ocurre ahora una epidemia convertida en pandemia que puede terminar en una pesadilla.
Si se hubiera gastado menos en política y más en salud, hoy no estaríamos soportando, ni en la Nación como en las provincias, la angustia de un enemigo emboscado, invisible, que ataca y hasta puede matar tanto al más enfermo como al más sano. |
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