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Mario Rodríguez descubrió el buceo por casualidad. Luego de tomar el correspondiente curso en nuestra ciudad, ha realizado varios viajes por el mundo y nadó entre delfines y tiburones
Maximiliano Caloni
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Quien haya leído “20.000 leguas de viaje submarino”, de Julio Verne, debe haber soñado alguna vez con poder viajar al fondo del mar y hallar algunos de los tantos relatos fantásticos que uno de los grandes escritores de la ciencia ficción describía allá por el año 1869, cuando se publicó por primera vez el libro.
El texto es una obra narrada en primera persona por el profesor francés Pierre Aronnax, un notable biólogo, quien cae prisionero del Capitán Nemo y es conducido por los océanos a bordo del submarino Nautilus, en compañía de su criado Consejo y el arponero canadiense Ned Land.
A lo largo del viaje les son revelados muchos secretos y recorren diversos lugares, entre los que se menciona la mítica Atlántida, las Islas de Polinesia, el Mar Rojo, las costas del Lejano Oriente, el Mediterráneo, etc.
Si bien dista mucho de ese sueño y, obviamente, nunca será realidad, se puede decir que Mario Rodríguez, en parte, ha cumplido con aquel viaje imaginario, ya que desde hace algunos años ha viajado a través del mundo y ha buceado con delfines y tiburones, lo que no es poca cosa.
Una casualidad
Mario nació en nuestra ciudad hace 57 años y sólo se ausentó de Necochea durante algunos años, cuando estudió y trabajó en Buenos Aires. Actualmente trabaja en la Usina Popular Cooperativa, pero desde hace algunos años (2005) se dedica a bucear.
En realidad, sostiene que a la actividad “la conoció de casualidad”, es que Rodríguez hace natación en un gimnasio de nuestra ciudad y allí conoció a un profesor de buceo.
“Me encontré una vez con alguien y me entusiasmé con el buceo”, dice entre risas, mientras puntualiza que “rápidamente me puse a hacer el curso acá y después fui a Puerto Madryn a realizar un curso más avanzado, que te permite bajar hasta 40 metros de profundidad”.
Es verdad que el extraordinario viaje que describe Verne es a mayor profundidad, pero a menos de 40 metros debajo de la superficie existe un mundo acuático realmente increíble que fascinó a Rodríguez.
“A medida que me iba metiendo cada vez más en la actividad, me enganchaba más y me gustaba más”, sostiene, y luego del primer viaje quedó totalmente fascinado, sobre todo porque en nuestra ciudad la visibilidad bajo el agua no es tan importante, pero en otras partes del mundo uno puede hallar prácticamente de todo.
Ya metido completamente con la actividad, Mario se entusiasmó y en la primera oportunidad que tuvo viajó al Caribe. “Eso fue increíble”, relata, puntualizando que “la visibilidad es tan importante que no te querés ir de ahí abajo”.
“Tuve la suerte de viajar dos veces al Caribe, a Egipto y también a Tailandia”, cuenta, para agregar que “he vivido experiencias increíbles, como bucear con delfines y tiburones…”.
Justamente, esta última experiencia fue la que más lo impactó. “estar al lado de los tiburones fue espectacular”, aseveró, detallando que “los delfines parecen perritos, pero tocar un tiburón fue algo increíble y muy difícil de describir. Te rodean 20 o 25 tiburones y no pasa nada…”.
Consultado sobre qué es lo que lo atrae de la actividad no duda en decir “todo”, y enseguida deja un mensaje: “Tenés que hacer buceo para saber qué es”.
“Cuando te sumergís entrás en otro mundo”, completa, y eso fue lo que buscaba Mario: un nuevo mundo, donde la paz es total y la vida toma otra dimensión. ///
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