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Gustavo “Chango” Cárdenas es uno de los ídolos futbolísticos de Villa del Parque. Llegó a jugar en Lanús en la B Metropolitana y aún hoy dice que despunta el vicio con amigos
Maximiliano Caloni
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No son muchos los futbolistas necochenses que pueden decir que son ídolos de algún club y muchos menos aquellos que hayan vestido la camiseta del rival y, luego, aún sigan siendo ídolos.
Si bien nunca lo dirá públicamente, Gustavo “Chango” Cárdenas, sabe que su amor por Villa del Parque ha sido correspondido toda su vida, incluso después de haber jugado en Mataderos, ya que sus hinchas recordarán eternamente las pinceladas de sus botines en cada cancha que pisó.
Gustavo nació en nuestra ciudad y desde muy pequeño su pasión por el fútbol era más fuerte que cualquier otra actividad o divertimento. Según cuenta, se juntaba junto a otros amigos a disfrutar de la pelota en el parque Miguel Lillo casi diariamente y poco a poco empezó a forjar una gran carrera deportiva que lo llevó a jugar en Lanús y en el Estación Quequén que disputó el Nacional B.
El corazón de Villa
Su juventud transcurrió en la zona de la Villa balnearia y desde muy chico, con amigos y compañeros de la Escuela Nº 28, se juntaban a correr detrás de la redonda. “El parque era el lugar donde nos juntábamos y después jugábamos en los campeonatos que armaba Raúl Cruz representando a nuestra escuela”, recuerda.
Junto a él, jugaba su amigo “Gualicho” Dialleva, con quien no sólo compartió parte de su infancia, sino también los comienzos en el fútbol de nuestra ciudad, ya que juntos fueron a vestir la camiseta de Villa del Parque. Ya de chico se destacaba dentro de una cancha de fútbol y varias personas querían que se sumaran a algún club, pero su padre no lo dejaba porque “decía que era muy chico”. Pero ya con 12 años, Gustavo se acercó hasta Villa del Parque y un par de años más tarde debutaba en la primera división.
“Tenía 15 años cuando debuté en primera”, cuenta, puntualizando que “jugué dos años en quinta división, uno en cuarta y al otro año ya estaba en primera”. Aún recuerda aquel debut, en el mismo año que lo hizo su primo Gabriel y Dialleva.
Por aquellos años, Villa del Parque tenía un plantel muy competitivo y con la llegada de estos tres jóvenes jugadores logró potenciarse aún mucho más.
El gran salto
“Chango” sostiene que “siempre me gustó el fútbol, fue mi pasión y siempre pensé que alguna vez iba a jugar en algún equipo de Buenos Aires… y, a medias, se me dio”.
Luego de varios intentos fallidos (por ejemplo se probó en Independiente, con Pepe Santero, pero no fue fichado), a los 20 años llegó la oportunidad de irse a Lanús, que por aquel entonces estaba en la segunda división del fútbol argentino.
“Llegué cuando ya era algo grande”, comenta ante Ecos Diarios, pero de todas formas logró hacerse algún lugar y disputó varios partidos en aquel equipo en el que jugaban, entre otros, los hermanos Ramón y Héctor Enrique.
Cárdenas asegura que “ellos (Lanús) vinieron a hacer una pretemporada acá y jugamos un amistoso con un equipo de la Villa”, agregando que “ahí me vieron jugar y al tiempo me llamaron para que me presentara a entrenar”.
“Yo era suplente de Ramón Enrique”, puntualiza, pero al poco tiempo se lesionó y entonces Gustavo comenzó a sumar minutos de juego en una de las categorías más difíciles del fútbol argentino, cuando todavía no existía el Nacional B.
Según cuenta, esa experiencia fue por demás enriquecedora, aunque aclaró que “era la primera vez que me iba de casa y no tenía mucha experiencia…”. Justamente, estar lejos de casa influyó para que luego de un año decidiera volver a nuestra ciudad y, obviamente, a su amor: Villa del Parque, en 1983.
“Mi pase pertenecía a Villa del Parque, me operé de una lesión de rodilla y volví para jugar en el equipo que logra el campeonato en la temporada 83/84”, cuenta. A partir de ese momento, los hinchas de ese club comenzaron a quererlo de una forma muy especial y fue así que decidió retirarse en ese club.
Gran camada
Su destacada labor dentro de una cancha formando parte de los planteles de Villa del Parque, Rivadavia y Deportivo La Dulce, además de los títulos conseguidos con las selecciones juveniles hacen que “Chango” sea parte del plantel de Estación Quequén que llegó hasta el Nacional B en 1988.
Para muchos, esa fue una de las grandes camadas, o la mejor, que dio el fútbol necochense y Gustavo Cárdenas fue una de las principales figuras, con una gran inteligencia para jugar, un exquisito volante creativo y una gran pegada.
Su carrera futbolística continuó varios años más, jugando en Tres Arroyos y varios equipos de nuestra ciudad, incluso Mataderos, el rival de Villa del Parque. Allí se retiró por primera vez.
“En 1995 me fui a jugar a Mataderos, la contra de Villa”, dice entre risas, puntualizando que “me querían matar… Pero me entendieron y me retiré, porque ya tenía 35 años y la familia y el trabajo también tiraban”.
Sin embargo, Gustavo continuó en la actividad, jugando torneos comerciales y con amigos y dos años más tarde fue tentado nuevamente por su amor para que se retirara vistiendo los colores de Villa del Parque.
“Cuando me llamaron no podía decir que no… Así que me hicieron ellos la despedida y ahí sí colgué definitivamente los botines”, agregó, para puntualizar que “nunca quise ser técnico ni nada de eso… Por eso dejé”.
“Siempre me gustó jugar y, sin dudas, el fútbol me dio más de lo que me quitó”, concluyó.
Sin embargo, aún hoy “despunta el vicio” en canchas de nuestra ciudad, desplegando la misma elegancia que lo llevó a ser uno de los máximos ídolos de una de las hinchadas más seguidoras del fútbol necochense. ///
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