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Sr. Director:
No sólo se vive en un sistema declamándolo. Se lo debe sentir, honrar, madurar, hacer crecer, perfeccionar y asegurar, a fin de obtener las metas propuestas por el mismo. La definición más común nos enseña que la democracia es el gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo.
La Argentina aún no llegó ni siquiera a rozar este precepto básico, pues el pueblo sigue siendo un convidado de piedra, un bufón de la corte, en este ágape para pocos, con demasiados observando con la ñata contra el vidrio.
La democracia debe básicamente preservar nuestras vidas, darnos seguridad.
Debe brindarnos justicia, ecuanimidad, premiando y castigando según la fidelidad en el cumplimiento de las normas.
Debe cuidar de nuestra salud, independientemente de los medios económicos de cada uno.
Debe provocar e incenivar el proceso educativo para cimentar los postulados anteriores.
Debe nivelar hacia arriba, apartando paulatinamente de la escena a pseudo oligarquías dirigenciales de cualquier clase privilegiantes de su propio y egoísta poder, sean políticos, sindicalistas o empresarios.
Debe exigir excelencia y honestidad en el desempeño de las funciones a cargo.
Debe desterrar el doble discurso y la hipocresía de los mensajes dados a los ciudadanos ( “Digo esto y hago lo contrario”).
Debe aniquilar la idea del “sálvese quién pueda” caminando hacia el “mejoremos todos”.
Debe sepultar las palabras “clientelismo”, “punterismo” y conducción en virtud a las barbaridades provocadas por el uso procaz de estos vocablos.
Si el sistema democrático no logra mínimamente cumplimentar estas pautas, se transforma en autoritarismo, sólo acumulación de poder y, lo que es peor, más temprano que tarde, en disolución, anarquía y vuelta a comenzar.
Más vale prevenir que curar. El delito es malo cometa quien lo cometa. La corrupción aplasta. La indiferencia mata. La falsedad destruye. La deshonestidad flagela las capas sociales. El cinismo despierta odios. Nada es casual; todo es consecuencia.
Meditemos, juzguemos, midamos y, si debemos gritar, ¡gritemos!
“Quiero más una libertad peligrosa que una servidumbre tranquila”, dijo Mariano Moreno.
Guillermo Sturla
LE 5.530.629 |